Por Michèle Croquevielle.

 Estimadas y estimados lectores:

Con mucha alegría escribo estas líneas, los primeros renglones de la 1ª versión Interamericana de nuestra querida revista Existencia: ¡Sean bienvenidas las escuelas AE de Canadá, México y Argentina!

Por lo anterior todos los artículos irán en español e inglés.

También señalar que cada semestre agregaremos un artículo extendido, iniciando este año con una relación entre el Análisis Existencial y el Mindfulness, desarrollado por Roberto Arístegui.

Será un enorme  desafío para este gran nuevo equipo editor de coordinación, lo que me lleva a pensar sobre en nuestra Capacidad de Ser (Poder ser, 1ªMF) y las condiciones para ello requeridas: tener la Protección (de una teoría, del equipo), Espacio (interno para soñar, pensar los temas, y del equipo para discutirlos) y Sostén (esta plataforma web, nuestras experiencias previas).

Todos los artículos de este número, giran en torno a esto: las condiciones requeridas  para Poder ser en el mundo. Porque “Poder Ser” en el mundo, consiste en el pilar fundamental de nuestro existir. Es como contar con los cimientos estructurales de nuestra casa (sostén), sus paredes (el espacio que nos proveen) y su techo (que nos protege).

Ahora bien, mi reflexión va hacia la propia persona posibilitadora de esas condiciones. Entonces la pregunta ya no es ¿Puedo ser? Sino que la vuelco hacia mí: ¿Puedo dar Sostén, Espacio y Protección a otro/s? ¿Qué (atributo) poseo para ello?

Soy madre, pareja, hija, terapeuta, amiga, profesora, etc., y al igual que cada uno de uds.,  en cada uno de esos roles, a lo largo de mi vida, he sido requerida por otro para ayudar, apoyar, sostener. Pienso que cada ser vivo en alguna medida está capacitado, y tiene los recursos para ello. El punto es que no siempre somos concientes de esta capacidad. Especialmente cuando nuestra percepción es selectiva a nuestra precariedad frente  a diversas situaciones, donde no consigo captar en mí que, aún allí, puedo dar Espacio a otro (por ej si sólo necesita llorar), o Sostén (al tomar su mano con firmeza al cruzar una calle), o también Protección (cuando acepto a alguien en su diversidad). Muchas veces se trata sólo de eso, situaciones tan simples, pero que pueden tener un alcance tan profundamente protectores y posibilitadores.

Particularmente desde mi rol de terapeuta, brindar esas condiciones se me hace fundamental, pues facilita el poder ser del otro. Sin embargo también requiere de mi parte mucha conciencia de ambos (como siempre, lo dialógico del AE): por un lado conciencia de mis propios apoyos pues más que las palabras que se dicen, es el “cómo se expresan” lo que transmite mi propia confianza en lo que digo. Y aquí la Verdad es un concepto muy significativo en esto. Verdad es Realidad, es “lo que es”, incluso cuando hago conciente mis propias limitaciones (por ej., cuando reconozco no ser capaz de atender una temática de algún paciente y derivarlo). No creernos omnipotentes pues no lo podemos todo, pero podemos bastante.

Por otro lado también se me aparece la conciencia del otro y sus propias capacidades y limitaciones. Esto implica no sobreestimar al otro en sus recursos, pero tampoco subestimarlo.

Frente a esto me hago las siguientes preguntas:

¿Me percibo como sostenedora hacia otros? ¿Cuáles son mis propias y específicas características que me posibilitan a ello? Físicas? Por ejemplo el tono de mi voz, mi forma de sentarme, la firmeza en la mano que doy, etc. ¿O más bien Intelectuales? Mis conocimientos, mis títulos académicos? ¿Quizás mis capacidades sostener o dar espacio van por mi cercanía emocional, firmeza afectiva?. Mientras pienso en esto, me imaginé una pequeña hierba dando sombra o refugio a una hormiga…tan pequeño ese vegetal y sin embargo…

¿Hay alguna característica propia que puedo visualizar como protectora, sostenedora? ¿En algún ámbito en especial: en el trabajo? en la maternidad/paternidad? en la amistad? en la academia?

Y al mirar “hacia fuera”, al mundo externo, ¿me veo requerida como protectora, aceptadora, sostenedora? ¿Qué porto en mí que pueda ser requerido por alguien, por algo para Poder Ser?

(Imprescindible conciencia de Mí como posibilitadora y conciencia del Otro, como requiriente).

Estimadas y estimados, el Análisis Existencial nos ofrece este maravilloso desafío: ser co-constructores de ambos mundos. Y para poner manos a la obra, qué mejor que dar una mirada a los insumos personales con los que contamos para ello.

¡Un abrazo!

Michèle Croquevielle

Psicóloga

Directora ICAE

michele@icae.cl

 


Por Janelle Kwee.

Carolyn: un estudio de caso.

Carolyn[1] es una mujer de 39 años que buscó ayuda para hacer frente a los abusos físicos y sexuales que había padecido de niña. Ella había sido sexualmente abusada reiteradamente entre las edades de 8 y 12, por un vecino y regañada violentamente por sus padres cuando se negó a ir a la casa de él. Hasta hace poco, Carolyn había creído que «el pasado estaba en el pasado» y había dirigido su energía a su educación y carrera. Carolyn había construido una vida de estabilidad profesional y económica pero tenía pocos amigos cercanos. Hace dos años, Carolyn buscó citas a través de un servicio en línea, y ha estado en una relación seria durante los últimos seis meses. Como la posibilidad de matrimonio entró en esta relación, Carolyn se ha encontrado atormentada por su trauma pasado. Lo que ella pensó que sería mágico acerca de «enamorarse» en su lugar se sentía como una «caída fuera de control» y ella comenzó a experimentar pesadillas y flashbacks de abuso sexual. Mientras Carolyn quiere tener un futuro con su novio, ella se encuentra empujándolo lejos. Ella teme que no pueda tener una relación satisfactoria y le preocupa que su confusión destruya su trabajo, que es la única área de su vida sobre la cual ha mantenido el control.

 

[1]«Carolyn» es un caso compuesto que representa detalles fusionados de varios clientes; he intentado retratar con precisión y realismo los temas y las experiencias de los clientes reales, al tiempo que protejo sus identidades.

 

El problema de sentirse inseguro

Los clientes como Carolyn a veces son “activados» por el mismo espacio en el que buscan la ayuda. Aunque Carolyn identificó el deseo de abordar el impacto que el abuso infantil tuvo en su vida actual, se sorprendió de que hablar de lo que había ocurrido hace tanto tiempo la inundara con sentimientos de impotencia y pánico, parecido a lo que había experimentado cuando era niña. Carolyn relató que ella había comenzado a tener ataques de pánico incapacitantes el día antes de cada sesión, dando por resultado que salía del trabajo temprano y rezagándose en plazos por cumplir. Esto exacerbó su sentimiento de estar fuera de control y se sintió débil y avergonzada. Ella describió tensión en todo su cuerpo y estaba visiblemente agitada.

Mientras que los objetivos terapéuticos generales de Carolyn tocan cuestiones de amor e intimidad (2ªMF), identidad (3ªMF), y dirección futura de la vida (4ªMF), inmediatamente se enfrentó a la pregunta de si era posible para ella ser, y estar aquí, las preguntas de la primera Motivación Fundamental (1ªMF). Carolyn repentinamente se sentía catapultada de vuelta a los sentimientos de terror que sentía como una niña de ocho años, dominada por su abusador y avergonzada por sus padres. Cuando se sentía mareada, sin aliento, con el corazón acelerado y el intenso deseo de huir, era como si Carolyn estuviera en un túnel del tiempo, inconsciente de haber crecido hasta ser un adulto capaz.

¿Qué es Trauma?

El trauma ha sido conceptualizado de varias maneras. El DSM-V (APA, 2013), define un factor de estrés traumático como «cualquier evento (o eventos) que pueden causar o amenazar de muerte, lesiones graves o incluso la violencia sexual a un individuo, un familiar cercano, o un amigo cercano»(p. 830). Briere & Scott (2012) han ampliado la descripción del trauma para abarcar eventos que son traumáticos pero no amenazan la vida (p.14), y el investigador de trauma Bessel van der Kolk (2006) describe el trauma como impotencia combinado con el abandono (p. XXI).Las memorias traumáticas se almacenan principalmente en imágenes y sensaciones corporales y carecen de integración en una narrativa autobiográfica cohesionada. Esto da lugar a la destrucción de un todo integral del sentido de uno mismo, de los sentimientos de seguridad y de la capacidad de confiar en uno mismo, en el otro y en el mundo (Längle, 2015).

El caso de Carolyn ilustra la importancia de la seguridad en la sala de psicoterapia para los sobrevivientes de trauma. Sus alarmas del cuerpo señalaban peligro, y aunque ella confió explícitamente en mí buscando terapia, ella luchó para dejarme encontrar su vulnerabilidad. Para continuar con la terapia, era claro que tendríamos que orientarnos en el aquí y ahora, su cuerpo, dentro del espacio presente y la relación terapéutica. Ella tendría que ser capaz de encontrar a su «sí» personal a la pregunta, ¿puedo estar (aquí)? Estaba en la habitación pero tenía el impulso de huir. Para poder afirmar que puede estar aquí, necesita preguntarse si tiene el espacio, la protección y el apoyo necesarios. ¿Será protegida y se sentirá «sostenida» en nuestro trabajo? ¿Experimenta una sensación de existir de manera corporal (su encarnación) y libertad para ocupar espacio en la sala?

 

Cultivando el sentido de seguridad en el espacio psicoterapéutico

La pregunta de la primera motivación fundamental es, ¿puedo estar (aquí)? Dado el impulso de huir, uno tiene la sensación de no poder estar. Es a través del diálogo activo entre la capacidad interna de uno y las condiciones del mundo que se puede afirmar «yo puedo». «No puedo» se caracteriza por la impotencia; es amenazante, bloqueante y abrumador.»Puedo estar aquí» se refiere a dos partes: (1) puedo (capacidad); y (2) estar aquí. Hay un mundo exterior en el que estar, y en el interior, uno tiene la capacidad de estar en él. Estar también está ligado a un lugar, aquí.«Puedo estar aquí» emerge simultáneamente desde el interior y desde el exterior.

 

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Cuando sobrevivientes de trauma como Carolyn vuelven a experimentar sentimientos de terror y tienen el deseo de huir, tenemos la oportunidad de estimular la consciencia de sus capacidades internas y condiciones externas.

Los enfoques comunes a la psicoterapia del trauma incluyen un proceso trifásico, incluyendo (1) seguridad, (2) procesamiento del trauma, y (3) reconexión (Herman, 1992). A continuación describo varias maneras en que los terapeutas pueden apoyar a los clientes a acceder a su propio sentido de libertad y seguridad para estar en el espacio terapéutico, experimentar la encarnación corporal y estar con su terapeuta relacionalmente. Esto proporciona la base para el trabajo terapéutico alrededor del trauma. Estas estrategias, centrándose en estar aquí, estar encarnado/a corporalmente, y estar con, pertenecen a la primera fase de la seguridad.

Estando aquí

Cuando me encuentro con alguien como Carolyn, atraigo su atención hacia el espacio en el que estamos. Describo la sala como un lugar seguro donde estoy aquí para apoyarla, y ella está invitada a estar. Dispongo de actividades sensoriales calmantes, como plasticina o caja de arena. Cuando un cliente experimenta flashbacks o hiperactividad somática, llamo su atención al presente con señales multi-sensoriales. A menudo uso consciencia de olores con velas o hierbas aromáticas. El sentido del gusto puede ser invocado con un sabor fuerte como un clavo de olor seco. Si los clientes experimentan una inundación somática mientras hacen un ejercicio de meditación o de atención plena con los ojos cerrados, les pido que abran los ojos para volver a conectarse visualmente con el momento y el lugar. También comprometo a los clientes en la conexión con el presente a través de actividades sensoriales, o mediante su toma de consciencia al apoyo de la silla.

Realizando la existencia corporal o estar encarnado/a

Nuestros cuerpos nos proporcionan acceso al mundo y a nuestras experiencias internas. Es en nuestros cuerpos que existimos, y es sólo en nuestros cuerpos que podemos estar aquí. Cuando una clienta como Carolyn está re-experimentando la desesperación, el terror, y el pánico asociados con la traumatización, su cuerpo está expresando la sensación de que siente que no puede estar aquí. Hay una desconexión, bloqueo y pérdida de libertad. El terapeuta que está en sintonía con la experiencia del cliente de estar abrumada en su cuerpo usará la oportunidad para cultivar el diálogo, la consciencia y el empoderamiento del cliente dentro de su propio cuerpo. Ayudar al cliente a prestar atención a su cuerpo, a su capacidad y a su vitalidad a través del trabajo de respiración, la consciencia y la aceptación de lo que se experimenta, y la relajación guiada, todas las formas de estimular la conciencia de un cliente de ser encarnado y ocupar espacio. Hay muchas guías útiles para los terapeutas para guiar a los clientes en la consciencia y el diálogo con sus cuerpos, invitándolos a una presencia más plena encarnada en la sala, lo que les permite experimentar su capacidad para invitar a una respuesta del sistema nervioso calmante. A menudo comienzo sesiones con relajación guiada o consciencia corporal.

Estando con

Mientras que algunos clientes tienen éxito practicando la relajación corporal en el hogar, los clientes a menudo me informan que no podían repetir el ejercicio de una manera que fuera útil en casa. Esto destaca la tercera vía a través de la cual intento facilitar la sensación de seguridad de un cliente: la relación y conexión energética entre el cliente y yo en la sala de psicoterapia. Mi propia sensación de calma y capacidad para sostener y mantener al cliente en sus sentimientos de terror se transmite en mi energía corporal, mi voz y mi presencia. En el contexto de una conexión relacional segura donde el terapeuta no experimenta sentirse inundado o abrumado por el pánico y el miedo del cliente, el terapeuta es capaz de ofrecer condiciones relacionales de seguridad. Cuando el terapeuta ejerce su propia libertad al afirmar «puedo estar aquí» y «puedo estar aquí contigo», ella ofrece un puente hacia la capacidad del cliente para sentirse seguro en la consulta.

 

Referencias

Asociación Psiquiátrica Americana (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5ª ed.).Arlington, VA: Autor.
Briere, J., Scott, C. (2013) Principios de la terapia de trauma: una guía a los síntomas, evaluación y tratamiento (2ª ed.).Thousand Oaks, CA: Sage.
Herman, J. (1992). Traumatismo y recuperación. Nueva York: Libros Básicos.
Längle, A. (2015). Trauma: Una perspectiva de Análisis Existencial [diapositivas de PowerPoint]. (Disponible a partir Alfried Längle, PhD., La Sociedad Internacional de Logoterapia y Análisis Existencial, Ed. Sueß-Gasse 10 A-1150 Viena, Austria).
Van der Kolk, B. (2006). Prefacio. En P. Ogden, K. Minton & C. Dolor (Eds.), Trauma y el cuerpo (pp. XVII-XXVI).Nueva York: WW Norton & Company, LLC.

 

Janelle Kwee, Psy.D. R.Psych.

Psicóloga

Trinity Western University, Langley, BC

Sociedad de Análisis Existencial de Canadá, Vancouver, BC

Janelle.Kwee@twu.ca

Por: Janelle Kwee.

 

Por Alicia Veloz.

A menudo tenía un sueño que me angustiaba e interrogaba: Tengo una guagua (bebé) de meses en mis brazos y me siento aterrorizada por no tener la fuerza suficiente para seguir cargándola,  y termino a punto de dejarla caer. Un profundo sentimiento de impotencia acompañaba mi despertar y el sentido que yo daba al sueño era que tanto la guagua,  como quien lo cargaba, eran aspectos relacionales de una y la misma persona, es decir, yo,  conmigo misma, trabada y asustada; incierta y desconfiada de mi propia fuerza adulta. Brazos endebles que no acogen, ni abrazan o confortan, en síntesis: Sujeto que no tiene fuerzas para sostenerse a sí mismo.

Este sueño aparece en mi vida en un momento muy complejo de mi relación de pareja. En ese tiempo no podía otorgarle ningún sentido, y no veía lo que me mostraba. Todo estaba entonces invadido por el anhelo de vivir más feliz, regresando a dimensiones olvidadas y abandonadas de mi existencia: la sexualidad, la vivencia de una libertad desconocida, la ilusión del amor.  En medio de eso, el dolor, los afectos, los espacios, la vida compartida y allá afuera, la voz de la vida,  llena de olores, sabores, color, esperando por mí… pensaba yo.

Una urgente necesidad de desprenderme de lo que había sido mi vida hasta ese momento me impulsaba, me movía hacia la puerta de calle para cerrarla tras de mí, por fin. Y si bien hube de dolerme profundamente por lo que dejaba, la esperanza de un cambio rotundo era más poderosa. Partir, separarme,  era estar de mi parte, era ser fiel a un llamado que yo sentía provenir de mi vientre. Entonces tomé la decisión y abandoné el que había sido mi hogar por más de 25 años.

Vivir sola me sabía a una aventura espléndida, a un deseo largamente acariciado con implicancias y raíces mucho más profundas que el solo hecho de separarme. Significaba vérmelas con nuevas responsabilidades materiales, como nunca antes había enfrentado. Era la primera vez que iba a pagar un arriendo, que debía hacerme cargo de mis cuentas, de mi comida, en síntesis, de mi propio sustento. La palabra que me rondaba esos días era independencia y era feliz con esta recién estrenada condición; sentía vértigo y me gustaba; la vida olía a aire limpio y claro, y podía sentirla circular a mi alrededor. 

Luego de los primeros meses,  la novedad de esta nueva vida se fue diluyendo, ya no disfrutaba tanto llegar al departamento para encontrarme sola; un sentimiento de desolación me fue cubriendo. Me di cuenta que había desestimado este nuevo escenario que me confrontaba más que nunca conmigo misma sin el murmullo y la distracción de los afectos familiares. Hacía esfuerzos por llenar ese espacio silencioso: Prender la tele, pulir la tina, sumergirme en el celular, todo para anestesiar el dolor que amenazaba invadirme. Hasta que ya no pude seguir arrancando y me encontré cara a cara con una dolorosa revelación: Yo no podía vivir sola porque no sabía cómo estar conmigo. No había logrado calzar los recursos materiales con las necesidades que esta vida me imponía. Me sentía, fracasada e infantil.

Toda la promesa del cuarto propio alentada por la literatura[1] en que me había inspirado, dio un vuelco: la belleza y la verdad con que me había seducido hacía del momento un cóctel existencial de lágrimas y culpa.

 

[1] Nota del edit: Alusión al libro de Virginia Woolf: “Un cuarto propio” (1929)

 

Fue así que acepté ésta, mi verdad. Quería escapar de este trance y en razón de esto volvía casa, anhelaba pisar terreno sólido, dormir tranquila, “tener seguro el futuro”. Por dentro lloraba el intento fracasado, el amor propio herido; y una visión de mi misma tristemente patética. ¿A quién iba a engañar? Simplemente yo no había podido sostenerme ni material ni afectivamente. Comprender esto fue un hecho doloroso y concluyente: Yo me había negado el acceso al poder-ser, al no evaluar seriamente las condiciones requeridas para ese momento.

No consideré si este movimiento de mi vida era viable y si estaban las condiciones para llevarlo a cabo. Creí que bastaban mis ganas y mi entusiasmo, experimentaba un sentimiento de ilimitación, de confianza ciega, como que yo me la podía con todo. Me negaba a ver lo inevitable, lo molesto, lo incómodo de sacar cuentas, planificar o hacer un presupuesto. Tanto estiré el elástico de la negación que una vez que se cortó me dio de lleno en la cara. Percibir ese impacto me obligó a mirar.

Cuando volví a mi casa, ni yo era la misma ni tampoco los que se habían quedado, o tal vez yo no pude seguir viéndolos como antes. Entendí que el paso dado había causado un efecto y no tenía que ir tan lejos para reconocerlo pues estaba en mi misma: Me di cuenta de gruesos errores de percepción en la relación conmigo y con la vida. Volvía derrotada, pero esta vez estaba en mí una conciencia más clara y lúcida respecto de mi realidad y de la responsabilidad que yo tenía en su realización. Me acompañaba también una comprensión más amorosa de mis resistencias y debilidades

Por primera vez podía mirar mi vida sinceramente y percatarme de su  desorden expresado en conversaciones postergadas, proyectos mal acabados, decisiones no tomadas, que claramente restaban espacio a mi existencia y que sentía irremediablemente desperdiciadas.

Ésta fue la antesala para el acceso a la verdad, pues podía aceptar y soportar las circunstancias externas e internas sin sentirme amenazada, aunque continuara expuesta a la dinámica de sus vicisitudes.

Asimismo,  vi en este impulso por separarme, la búsqueda de un espacio físico y geográfico propio que pusiera distancia entre mí misma  y mi familia,  sin comprender que también, y sobre todo, se trataba de un espacio interno afincado entre mi cuerpo y yo como vínculo y puente con el mundo. Había estado tan lejos de mí misma, que sentía mi cuerpo como un extraño al cual nunca le había dirigido la palabra y que estaba siempre ahí, conmigo… respirando.

Descubrirme a mí misma también como cuerpo,  me ha conmovido. He despertado a un sentimiento de nostalgia y anhelo por el hogar extraviado durante mucho tiempo, y hoy por fin, me encuentro habitándolo como un espacio cálido que me protege y con el cual puedo contar como un sostén donde mi existencia se despliega.

Por último, y volviendo al sueño con que inicié este texto,  puedo decir que el terror que me causaba la caída de la guagua (yo misma también),  era una profunda desconfianza por no encontrar nada que me sostuviera en esa caída. Era la terrible confrontación de mi psiquismo con la presunción de un vacío aniquilador.

Con el pasar de los meses comencé a reflexionar sobre este cuasi desenlace: Despertaba segundos antes de saber si  la fuerza de mis brazos sería suficientepara sostener la guagua y nunca pude saberlo… al menos en el sueño. El arreglo con esta incertidumbre fue concebir el espacio necesario para considerar a “otro” en esta experiencia, un otro más grande que yo, la vida misma, lo materno, la tierra, que estaban y habían estado en el mundo desde antes de mi propia existencia, precisamente para ofrecerse como el último fundamento de toda confianza. Descubrí que mi ser contaba con ello y que podía dejarme caer con la convicción absoluta de ser acogida en esta red, incluso en mi propia muerte.

Se trataba de un poderío superior a mí que formaba parte de la realidad de la existencia y,  que en mi caso, no pude disponer de él para ese momento, padeciendo la bronca, el dolor y la frustración porque la vida no seguía mis planes. Cuando  aprendí que existencia significa también estar entregado a los límites de mi ser y que el fracaso era ese tope, ese encuentro, la desilusión me ayudó a incrementar el realismo, a reacomodar mis fuerzas,  a soportar y aceptar la  incertidumbre de los procesos y sus caminos y a abrirme a la experiencia de la confianza fundamental.

Últimamente me enfrento al ejercicio de mi profesión sin el “respaldo”  de una institución formal, contando conmigo misma y mis inseguridades, es decir, hoy construyo las condiciones de mi existencia acompañada por la confianza básica de poder ser, esta vez, entre lo doméstico y  el pensamiento, entre la limpieza y los libros, realizando  y  creando con mi propia fuerza las condiciones que me retornan del mundo.

Esta reflexión que comparto aquí es la elaboración personal que he hecho de mi experiencia con el no-poder,  la que me reconduce al  deseo de una vida mejor y a partir de la cual me reconozco en crecimiento. Tal vez lo más esencial de mi vida se jugó en este fracaso, sin embargo, él mismo me mostró mi piso y sostén interno a través de la vivencia del soportar como un poder originario. A partir de todo esto, percibo dentro de mí una actitud humilde, desconocida, que me abre a las cosas y  a las personas y me permite darle comprensión a todas las experiencias de mi vida.

Alicia Veloz Contreras

Psicóloga

Postítulo © en Análisis Existencial (ICAE)

avalicia@gmail.com

 


 

 

Por Andrés Gottfried.

       La Sra. María T. se presentó a su primera sesión manifestando una “profunda angustia”, que por momentos se cristalizaba en seguidos ataques de pánico, en especial en lugares cerrados, ya que expresaba que sentía una “sensación de falta de aire, fuerte presión en el pecho, agitación, mareo, miedo y ganas de salir corriendo del lugar”. Esta situación no le permitía tener, como la Sra. María T. Denominaba, “una vida tranquila y sosegada”, ya que en cualquier momento se le disparaba una fuerte angustia y la sentía en el pecho y en los pies. Expresaba “quiero estar bien pero no puedo, no tengo fuerzas”.

       Ante la exploración de los acontecimientos actuales de su vida, no se percibían hechos de marcada importancia. Cuando se le pregunta a qué le podía atribuir esa “profunda angustia”, la Sra. María T. refería que no tenía claro cuándo habían comenzado esas emociones de angustia, que eran de larga data y que se habían acrecentado con el tiempo, en especial, a su regreso a Argentina, ya que había vivido en Estados Unidos casi 11 años. Informó que se había casado joven, había tenido 2 hijas y había emigrado a los Estados Unidos junto a su marido. En aquel país había tenido una buena vida, pero la convivencia con su esposo no le resultaba nada fácil, hasta que luego decidió separarse de él y volverse a Argentina con sus hijas. Desde su retorno habían pasado 4 años, y sus hijas tenían 20 y 18 años. En Mendoza había tenido un buen trabajo y una vida holgada económicamente hablando, no tenía una pareja, sin embargo, no era un tema que le preocupaba, pues decía que se sentía bien así.

       A la segunda y tercera sesión se trabajó con el Método Biográfico de Längle, sin embargo, no aparecía nada de relevancia para la Sra. María T., ella no presentaba ningún acontecimiento al cual le pudiera atribuir semejante angustia, además informó que sus ataques de pánico habían aumentado. Al finalizar la tercera sesión se le aplicó la adaptación argentina (Gottfried, 2016, en prensa) del Test de las Motivaciones Existenciales (TME) de Längle y Eckhardt (2000). En la base del instrumento se presentan los contenidos teóricos desarrollados por Längle, en el cual sistematiza una verdadera “Psicodinámica Analítica Existencial” (Längle, 2000; Längle, S., 2003; Espinosa 2006) sobre la base del desarrollo de las “Motivaciones Fundamentales de la Existencia” (Längle, 1998a, 1998b, 1999, 2000, 2002, 2003, 2009). El TME está conformado por cuatro escalas que representan a cada una de las Motivaciones Fundamentales de la Existencia, cada escala está compuesta de 14 ítems, teniendo el instrumento un total de 56 ítems.

       Realizó la técnica en la sala de espera y antes de retirarse se lo entregó a la secretaria. Al evaluar el TME se advirtió que todas las escalas presentaban puntajes bajos, en especial la 1ª y 2ª Motivación Existencial, había obtenido puntajes muy bajos, por debajo del percentil 25, que se interpreta como “zona de bloqueo y de reacciones de Coping”. Los ítems de Confianza Fundamental (1ª MF) con puntajes muy bajos fueron: ítem 2 “Puedo aceptar de buenas ganas las circunstancias en las cuales vivo”, ítem 13 “Siento como si pudiese perder el piso bajo mis pies”; ítem 22 “Siento que tengo suficiente espacio para vivir”, e ítem 32 “La inseguridad en mi vida me angustia”. Los ítems de Valor Fundamental (2ª MF) con puntajes muy bajos fueron: ítem 20 “Soy una persona triste” e ítem 30 “Experimento la vida como una carga”. La pregunta de investigación salió naturalmente ¿Qué le angustia, qué es lo que no puede aceptar que le hace sentir la vida como una carga, qué le hace a perder el piso bajo sus pies?

       En la cuarta sesión al hablar de sus hijas y de la relación con ellas, de repente un recuerdo doloroso vino a su mente: “Oh no… había olvidado… no lo tenía presente…  en verdad he tenido tres hijos, mi hijo menor, el único varón, al año y dos meses tuvo síndrome urémico hemolítico y muy rápido falleció” (con lágrimas en los ojos). Luego informó que enterraron el cuerpo del bebé y al día siguiente con su esposo decidieron irse a vivir a Estados Unidos, rescindieron el contrato de la casa que alquilaban, vendieron su auto y pagaron los pasajes para el viaje. A los 15 días de haber enterrado a su hijo, estaba viajando a Texas con su esposo y sus dos hijas. Informó que con su esposo no se habló nunca del “tema” y vivió su vida como “si nada hubiera pasado”. Luego de que la Sra. María T. nombrara lo que significaba para ella el centro de su angustia: “la muerte de su hijo de un año y dos meses”, comenzó la psicoterapia desde el Método de Längle denominado “Análisis Existencial Personal – AEP” (Längle, 2007; Längle, 1998b; Espinosa, 2006). Se le pidió que describiera con detalle lo que había sucedido desde que su hijo se enfermó hasta que falleció. El tener que relatar los hechos que habían sido “olvidados” hizo que ella entrara en contacto con aquello que le había sucedido, conectarse con su dolor y trabajar con la impresión contenida en sus vivencias, elaborarlas y tomar una postura frente a las mismas.

       Mediante el análisis fenomenológico del AEP, la Sra. María T. pudo expresar las sensaciones inmediatas y espontáneas frente a la muerte de su hijo: “la muerte de Nicolás me atropelló de golpe, me sentía totalmente sola, desprotegida, apretada… la vida se me hizo una carga muy difícil de llevar”. Sentía por el hijo fallecido una “preferencia especial” con respecto a sus otras dos hijas, por el hecho de haber tenido el “mismo color de ojos de su padre”, al cual había amado mucho y había fallecido de un infarto cuando ella tenía 17 años. Al conectar su único hijo varón con su padre, la atención se centró en investigar a su padre. Al parecer la pérdida de su hijo, remitía a una pérdida anterior, también para ella muy significativa. La Sra. María T. había tenido una mala relación con su madre, la cual, fue empeorando con el tiempo y al momento del tratamiento estaba truncada. De su padre recordaba que él le daba seguridad, protección, contención y sobre todo había sido un soporte importante en sus dificultades vinculares con su madre y en hechos difíciles de su adolescencia. Cuando falleció su padre, dejó el último año del colegio secundario, para ponerse a trabajar, ya que necesitaba dinero para irse a vivir sola. Al tiempo de irse de casa, se puso de novia con un hombre 9 años mayor, porque parecía un “hombre grande, hecho y derecho” y al siguiente año contrajo matrimonio con él.

       La Sra. María T. pudo advertir una reacción común frente a estas dos pérdidas: “huir”. Al respecto expresó: “era como que constantemente se me caía el piso, como si pequeños bloques del piso empezaran a caerse hacia el abismo y tenía que saltar al siguiente y con el siguiente lo mismo… saltar cuando muere mi padre, huir de mi madre, evitar la soledad y casarme con la persona equivocada, saltar y huir de la muerte de mi hijo… saltar y saltar… Huir y saltar antes de que el piso se caiga”. La Sra. María T. para poder sobrevivir reaccionó automáticamente “huyendo y saltando”, su movimiento evitativo de protección (Längle, 2003) no le permitió tomar una posición frente a la pérdida de su padre y luego frente a la muerte temprana de su hijo. Se trabajó la angustia desde la 1ª MF (Längle, 1997, Längle, 2005) y 2ª MF en la adquisición de desplegar su fuerza interna para aceptar y elaborar su “doble duelo”.

          En las sesiones siguientes, la reacción primaria de “huir y saltar” de la Sra. María T. fue reunida con todo aquello valioso que pudo descubrir de ella misma. Esta emocionalidad integrada se convirtió en fuerza de voluntad, una voluntad anclada en la afectividad, que le permitió encontrar una posición, y expresarse de una nueva forma en el mundo y salir del retraimiento. Puedo advertir que su personalidad era muy parecida a la de su padre, un hombre sereno, fuerte y seguro. Y que de él había aprendido a poder sobrellevar lo difícil de la vida. Pudo distanciarse de aquellas primeras reacciones juveniles frente a la muerte de su padre, y al mismo tiempo pudo advertir que también había sido una persona fuerte para soportar un matrimonio difícil, cuidar y educar a sus hijos, sostenerse económicamente en un país extranjero y, de haber tomado la correcta decisión de separarse de su esposo, a quien le recordaba a su madre, pues que ambos eran despectivos, críticos y agresivos.

          En la sesión siguiente retomando la semejanza de ella con su padre, espontáneamente le vino una respuesta: “Soy tan fuerte como mi padre”. Eso le dio la suficiente confianza para poder ser por sus propias fuerzas ante la adversidad. Sintió que podía apoyarse en sí misma, y a la vez se le abrió un espacio interno para poder confrontar con coraje sus estados de pánico. Luego de esa cita, éstos disminuyeron considerablemente hasta que desaparecieron por completo cuando decidió ir al cementerio a visitar a su padre para llevarle flores como acto de agradecimiento y visitar la tumba de su hijo para ponerle una placa recordatoria. La Sra. María T. hizo un giro copernicano, un movimiento que fue de su padre a ella misma, es decir, la confianza caracterizada por protección, espacio y sostén, puesta en su padre, la dirigió hacia su persona, constituyéndose ella misma el centro de su fuerza interior. El sentirse fuerte y segura le permitió conectarse con la vida y disfrutar con libertad de aquello que la daba “vida a su vida” (Längle, 2003), pues se sentía tranquila, su piso ya no se caía, su existencia estaba fuerte y firme. Como dice el tango “Volver” escrito por Alfredo Lepera (Gobello, 1999) y cantado por Carlos Gardel: “Tengo miedo del encuentro con el pasado que vuelve a enfrentarse con mi vida… …Para el viajero que huye, tarde o temprano detiene su andar”.

Andrés Gottfried

Psicólogo, analista existencial

andresgott@yahoo.com.ar

 

Referencias

Gobello, J. (1999). Letras de Tanto. Selección (1897-1981). Buenos Aires: Centro Editor de Cultura Argentina S.A.
Gottfried, A. E. (2016, en prensa). Psychometric Properties of the Test of Fundamentals Motivations (Argentina version 2014) of Längle & Eckhardt. Existenzanalyse.
Längle, A. (1997) Die Angst als existentielles Phänomen. Ein existenzanalytischer Zugang zu Verständnis und Therapie von Ängsten. Psychotherapie, Psychosomatik und Psychologie, 47, 227-233.
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Por Elisa Broussain.

Ha sido una hermosa vuelta de tuerca, de la vida, estar trabajando en intervención temprana. En el recorrido teórico que desde la psicología he hecho, ha sido muy gratificante encontrar corrientes e investigaciones que coinciden sobre el pleno desarrollo del ser humano. El sostén teórico se ha ido engrosando, enriqueciendo y entrecruzando desde el Análisis Existencial (AE), la teoría del apego, las neurociencias y el posracionalismo básicamente. Todas comienzan desde una metodología, una práctica intersubjetiva que valida y considera al otro, no sólo en el trato psicoterapéutico, sino que también creen que la persona se forma gracias a un “tú” que le ha antecedido al “yo”. Dicho de otro modo, todas estas corrientes consideran lo intrapsíquico, pero le dan una renovada importancia a lo interpsíquico. Este último término explicita el hecho de que la propia psiquis se construye principalmente por las relaciones que establecen las personas, los bebés, los niños. Éste es un hecho bastante revolucionario para la psicología en general. Además, las cuatro áreas mencionadas plantean cada una, una organización de la propia teoría que en todas coincide en cuatro partes. En éstas definen (no determinan) como cada persona de acuerdo a los contextos, la propia biología y el trato de los cuidadores principales va organizando (o desorganizando) la percepción, la conducta, la autoestima, el sentido de la propia vida y por ende, también la personalidad y las relaciones. El AE, la teoría del apego, el posracionalismo y las neurociencias ven lo dinámico en la persona, la plasticidad del cerebro y la personalidad. Abordan como experiencias y reflexiones pueden cambiar sinapsis, neurotransmisores, hábitos y todo un ser-y-estar-en-el-mundo. Con todo esto, se vuelve muy sólido el trabajo terapéutico en relación a la crianza.

 

Desde los postulados e investigaciones abocadas a la crianza respetuosa, todos coinciden plenamente con el AE. Se trata de dar al niño seguridad, protección y buenos tratos, que en palabras propias del AE serían principalmente las condiciones de la primera Motivación Fundamental: sostén, protección y espacio. Con estas tres primeras condiciones en juego, la percepción del niño acerca del mundo, de sus cuidadores y el reflejo que éstos producen de sí mismo, lo habilitan a construir la confianza fundamental en la vida. Esto se va configurando por regularidades en las relaciones que a su vez conforman apegos, los cuales se vuelven patrones que forjan al final una personalidad. 

 

¿Pero en la práctica qué es el sostén? En la crianza: cuidar, dar una respuesta adecuada a la demanda, contener, decir la verdad, regular las emociones, construir estabilidad cubriendo necesidades, fijando horarios (y flexibilizándolos también), pautas de interacción anticipables, un piso (material y psicológico), permitir una exploración ajustada a la edad del niño, ir modificando progresivamente los límites establecidos en familia, rediscutirlos de tanto en tanto con los hijos, estar principalmente disponible.

 

¿Qué es la protección en la práctica? En la crianza: cumplir con los derechos del niño y abrigar, abrazar, contener, consolar, la salud, mostrar otros puntos de vista, dialogar, la higiene, un techo, la propia flexibilidad.

 

¿Qué es el respeto en la práctica? En la crianza: considerar al hijo o hija como una persona, distinta a las propias expectativas, con derechos, obligaciones, fortalezas y vulnerabilidades, que necesita de un otro para aprender, para construirse, de otro que sea amoroso y así poder ser amoroso con otros y sí mismo. El respeto aparece como un ingrediente fundamental que le da un encuadre a la crianza. No permisivo, ni autoritario, sí respetuoso; ni intrusivo, ni indiferente, sí amoroso, no violento, sí un modo único con cada hijo o hija. Ya sabrán los padres y madres de más de un hijo, lo demandante que se vuelve a veces descubrir los diferentes temperamentos y lograr ser eficaces tanto en la disciplina como en el tipo de cercanía con cada hijo o hija.

 

Por otra parte, la seguridad y la protección habilitan de por sí a la exploración es decir, al despliegue del ser en el espacio. Esto permite que los niños se abran al mundo, a conocerlo, a pedir ayuda, pudiendo desenvolverse mejor en el entorno y conociéndose progresivamente mejor a sí mismos, si y sólo si la seguridad y la protección se mantienen proporcionales a los riesgos. Por otra parte, en relación a los cuidadores, éstos atraviesan por una enorme transformación del espacio físico (el hogar), corporal (la madre principalmente) y relacional luego de la llegada de un hijo. En sesión nombramos y validamos esos cambios que muchas veces no fueron anticipables. Le damos realidad e importancia al sí mismo de cada uno, a la pareja, ampliamos el abanico de roles de la parentalidad (la función educativa y de delimitación tiende a hegemonizar otros roles más amorosos en casos de padres en crisis o de padres con crianzas autoritarias en sus propias infancias). Muchas veces también, la rutina necesaria para todos los bebés y niños comienza a disecar el gustar vivir de cada uno de los cuidadores y su relación. Así, reconocer lo que es estresante para cada uno y conocer al otro en el estrés y sus formas de reaccionar y protegerse en situaciones que lo desbordan, habilitan una mirada contextual y comprensiva, recíproca.

 

¿Cómo intentamos hacer consciente y poner en práctica todo esto?

 

En el Centro de Intervención Temprana (CIT) donde trabajo, atendemos a padres, madres y otros cuidadores principales de niños y niñas entre los 0 y los 6 años. Recibimos (digo “recibimos” porque atendemos en duplas) a padres con chicos de todas las edades, pero el modelo demuestra su eficacia por la perseverancia de los padres respecto de los cambios que acordamos en sesión juntos. Con la intervención temprana, nuestra apuesta es que antes de que se fije un patrón de personalidad en el niño (condicionado en gran parte por el trato recibido por sus cuidadores y los distintos contextos en los que se desenvuelve), realizar un ejercicio reflexivo con los padres para mejorar la salud mental de todos. La reflexión comprende principalmente el ser más conscientes acerca de sí mismo a través del análisis del trato que éstos le dan a sus hijos, entregando así herramientas y un marco teórico reforzado por las neurociencias (y el cambio reflejado en la conducta de los niños) para prevenir la psicopatología. Los padres llegan voluntariamente o derivados por el colegio o el jardín infantil. 

 

Además de la “intervención temprana” ofrecemos una “intervención breve” donde en cinco sesiones vamos analizando el caso, sugiriendo cambios, miradas alternativas, todas acordadas por un equipo de ocho profesionales de la salud mental. La entrevista con los padres, la observación del niño en el colegio o jardín y una video-grabación de la interacción de la familia en su casa, entregan elementos suficientes para tomar perspectiva, conocer la reactividad de cada miembro de la familia en situaciones de estrés, esbozar sus personalidades o las formas de vincularse que los amenazan o regulan, sus distintos niveles de consciencia y autoconsciencia, su juicio respecto de su propia crianza, los desgastes dados por los contextos por los que atraviesan un largo etcétera. La intervención breve nos suma un nuevo grado de exigencia, que para mí se resume en encontrar el modo más asertivo y personalizado a cada padre y madre para que tomen distancia y así comprendan como avanzar, para que tanto ellos como sus hijos sean más felices. También, el modular en ellos la ansiedad por soluciones mágicas.

 

A casi dos años de ejercicio terapéutico en el CIT, tengo algunas conclusiones que coinciden muchas veces con la de los propios padres luego de algunas conversaciones: la conducta, como los síntomas de los niños, son una señal, la punta de un iceberg, de todo un sistema de relaciones que no ha sido visto o concientizado del todo. Muchas veces también, es el reflejo del clima emocional en la casa o del estado de la relación de pareja. El trabajo terapéutico consiste en iluminar mediante la consciencia, lo que quedaba en la oscuridad (sentimientos, situaciones, patrones aprendidos, estrés…) y tender en familia hacia los buenos tratos, la comprensión, el respeto y la consideración por cada uno. La idea es modificar las relaciones antes de que condicionen con mayor determinación a los niños.

 

¿Pero y qué pasa cuando no se tuvo sostén, protección y respeto en cantidades adecuadas en la primera infancia? ¿O cuando una catástrofe, una tragedia que no se repara, de la que no se habla, se presenta y merma el sostén previo de la propia vida? ¿Qué queda por hacer? Mary Main al desarrollar la teoría del apego incluyó una categoría para los resilientes: el “apego seguro ganado”. ¿Cómo poder modificar un apego inseguro o desorganizado y poder beneficiarse de un “apego seguro ganado”? En su libro “El apego” la Dra. Inés Di Bártolo señala –en otros términos- algunas condiciones para reparar la confianza existencial: 

1.- Sostener una relación con alguien seguro (o tender juntos a la seguridad, porque ¿sabía usted que la seguridad es contagiosa?), 

2.- Una psicoterapia consistente y extendida en el tiempo (o un par). 

 

En varios casos en el CIT, la intervención breve con foco en el hijo, se vuelve una introducción natural para una posterior psicoterapia para alguno de los padres. O una terapia de pareja o una terapia vincular con el hijo. O el alta o un acompañamiento cada cierto tiempo. Hemos tenido experiencias con el trabajo sistémico y sistemático de hijos y cuidadores cada uno en psicoterapia en casos tan graves como los de abuso sexual intergeneracional, logrando cambios profundos y definitivos en tres meses.

 

La parentalidad es una transformación hipercompleja, que obliga al intento por lograr un equilibrio personal e intersubjetivo lo más consistente posible y alcanzar los correctos cuidados que comprende la crianza. Un giro total en la propia vida. Puede llevar a un compromiso existencial. Así mismo, es la oportunidad de desarrollar una toma de posición personal trascendental para dejar como la herencia más rica que se pueda entregar a los hijos y al mundo. 

 

Elisa Broussain

Estudiante de Psicología – UAHC

Postítulo © en Consultoría AE – ICAE

elisabroussain@gmail.com

 

 


 

 

 

Por Roberto Arístegui.

Abstract:

Se presenta una perspectiva de integración del Mindfulness y Análisis Existencial. Se proveen antecedentes para sostener una convergencia desde el nivel metateórico en psicoterapia. Expone brevemente la posición epistemológica del AE y los componentes estructural y procesal, como las cuatro motivaciones y el análisis existencial personal. Aborda el encuadre de la enacción como marco de ciencias cognitivas de la presencia plena y de las intervenciones basadas en Mindfulness. Abre una reflexión orientada a encontrar puntos de acuerdo para la integración en una visión fenomenológica hermenéutica de ambas posiciones, a nivel metodológica general y especifica indicaciones formales ejemplificando convergencias en el tratamiento de la angustia. Palabras claves: Análisis Existencial, Mindfulness, Fenomenología Hermenéutica.

Abstract:

An integration perspective of Mindfulness and Existential Analysis is presented. Background is provided to support a convergence from the meta-theoretical level in psychotherapy. It briefly describes the epistemological position of Existential Analysis and the structural and procedural components, such as the four motivations and personal existential analysis. It addresses the framing of enaction as a framework of cognitive sciences for full presence and Mindful Based Interventions. It opens a reflection oriented to find points of agreement for the integration in a phenomenological hermeneutic vision of both positions, at a general methodological level and specifies formal indications exemplifying convergences in the treatment of anxiety. Keywords: Existential Analysis, Mindfulness, Hermeneutic Phenomenology.

 

Introducción

Me propongo hacer una reflexión adoptando una perspectiva clínica desde el  Análisis  Existencial (AE) (Längle, 2012a), integrando la experiencia de ser un terapeuta  mindful. Esto no quiere decir que  para poder hacerlo pretenda realizar una síntesis o cruce a nivel teórico, o una integración a nivel de eclecticismo técnico.  Sino que intentaré establecer un puente meta-teórico, desde la fenomenología hermenéutica, para poder seguir una vía de conversación, o comprensión en un camino de integración. Ciertamente que podría tomar, por ejemplo, una técnica  y utilizarla como un terapeuta o analista existencial, o desde el Análisis Existencial de Längle acercarme a reflexionar de entrada en la conexión con las Motivaciones Fundamentales de la existencia o con el Análisis Existencial Personal (AEP). Lo cual me aparece válido. En ese caso diría que la perspectiva clínica del AE me permite abrirme a la integración de procedimientos técnicos  congruentes con la línea existencial. Sin embargo, si bien lo encuentro adecuado, y en la práctica  creo que de eso se trata  justamente, quisiera insistir previamente en el punto de buscar un acuerdo mayor entre la línea de AE y la orientación Mindfulness a nivel epistemológico.

La visión  permite considerar una manera transversal de ser un terapeuta  consciente (mindful), independiente de la orientación teórica del caso. Es lo que veo como una posibilidad de integración  con el Análisis Existencial, acorde a un Modelo Contextual (Wanpold, 2009). Para ello, me parece necesario remitirse a la posición de integración en psicoterapia (Fernández Alvarez,1992), lo cual se aborda desde distintos ámbitos.  Podemos distinguir un tipo de integración a nivel de las técnicas, a nivel teórico y a nivel de los factores comunes, ámbito este último, a partir del cual se plantea un avance hacia la integración a nivel meta-teórico. Precisamente en este nivel, la posición  del enfoque contextual (Wanpold, 2009, p.23) es una visión holista, desde la cual se enfatiza establecer una concepción afín al nivel metateórico para establecer vías de integración en psicoterapia.

En la misma  línea,  adoptamos aquí una visión holística, de holismo epistemológico, considerando que las teorías están sub-determinadas por la evidencia (Quine,1953). De este modo, en el debate acerca de la efectividad en  terapia, tenemos en consideración que los distintos enfoques han obtenido confirmación a partir de los resultados empíricos. Trasladado a nivel de la integración  entre enfoques terapéuticos, podemos asumir  una doble sub-determinación, en el sentido de que podemos tener distintos manuales psicoterapéuticos compatibles con la evidencia, pero incompatibles entre sí (hasta cierto nivel). Si no podemos asumir una perspectiva común para determinar  observacionalmente los referentes, ya que estos se ajustan al interior de un manual o teoría, en contextos relacionales específicos, habrá indeterminación de los referentes (Quine1960,1969), remitiéndose a, o entre, los distintos contextos teóricos.

En esta perspectiva,  donde hay más de una teoría compatible con la evidencia, considerada válida, encontramos en la doble sub-determinación un argumento para la conversación entre enfoques. Me refiero a la conversación hermenéutica, o sea orientada al entendimiento.  Como un caso específico, de acuerdo a nuestro  presente interés,  desde el Análisis Existencial  acercarnos a la visión  de terapeuta mindful a nivel  metateórico.

 

El problema

No obstante la intención de proponer una integración acorde a una  posición de diálogo entre enfoques en psicoterapia, es necesario plantear un problema que se presenta al intentar un cruce metateórico.  La perspectiva de  en psicoterapia, si bien  se plantea abordar la experiencia en primera persona, lo que indudablemente se realiza al realizar intervenciones, no necesariamente investiga o indaga desde esa perspectiva.  Aunque se ha planteado que existe un compromiso de  con  la fenomenología, de todas maneras está ligado a un encuadre  de mente fenomenológica individual.  En consecuencia, lo que más bien se informa fundamentado científicamente, corresponde a metodologías de tercera persona.   En este punto, es justamente donde el análisis Existencial representa una alternativa paradigmática, en el desarrollo de la terapia y en la investigación, cuando muestra su posición ligada, además, a la fenomenología hermenéutica.  Al describir la experiencia desde el punto de vista de la actitud existencial de la primera persona, ofrece una posibilidad de acompañamiento comprensivo del proceso de terapia, lo que realiza de acuerdo al paradigma de las cuatro motivaciones fundamentales.  Y aquí es donde veo el punto de encuentro con el terapeuta mindful, que podría contar con esa mirada de comprensión, y no solo de explicación, para estar presente con la persona en el proceso de una psicoterapia con . Se hace necesario, por lo tanto, clarificar la coherencia de los supuestos epistemológicos de ambas posiciones, si se desea intentar una integración o  asimilación inteligible.

A fin de llevar adelante esta indagación, nos avocaremos a los siguientes pasos:

  • Fundacionalismo Epistemológico y Fenomenología Hermenéutica
  • Paradigmas en Psicoterapia y Metateoría
  • Perspectiva del Análisis Existencial
  • Ciencias Cognitivas, Presencia Plena y Mindfulness
  • Abriendo el diálogo desde el AE con la tradición de Presencia Plena y Mindfulness

 

  1. Fundacionalismo epistemológico y Fenomenología Hermenéutica

La posición epistemológica que subyace a la modernidad es la del fundacionalismo, el cual  propone que existe un fundamento del conocimiento, concebido como la relación de unas determinadas proposiciones básicas, con otras consideradas  como derivadas.  Tener acceso a la representación privilegiada, accediendo a las proposiciones básicas, a partir de las cuales se fundan aquellas otras  que dependen de las anteriores, se convierte en el foco de interés por posicionarse en las discusiones.

 La noción de la mente como un espejo, en la cual se refleja adecuadamente la realidad, constituye  un pivote la concepción moderna. La idea de una representación privilegiada, donde se tiene acceso al conocimiento cierto, vino poner el centro de atención en el reflejo o copia de  la realidad pre-dada en las disputas por el saber verdadero.

Así, el conocimiento científico hereda la idea de representación privilegiada, apuntando a la exactitud de las representaciones. Este ideal se logra en la ciencia moderna con el recurso a la observación y verificación. En el marco de la ciencia empírico-lógica el fundamento se concibe como la correspondencia de las proposiciones con la  evidencia empírica (sentencias observacionales).

La teoría pictórica sostiene que el lenguaje pinta la realidad. La correspondencia entre el lenguaje y realidad, se establece por proposiciones que corresponden atómico-molecularmente con  los hechos del mundo. Las proposiciones verdaderas reposan en la referencia de los términos, esto quiere decir en la relación palabra-cosa. La verdad se entiende referencialmente.

Este contexto teórico y metateórico  fue cuestionado radicalmente por Quine (1953), al proponer que las teorías están sub-determinadas por la evidencia, en su  ataque a los Dos dogmas del empirismo. Un paso más, es dado al proponer la indeterminación de la traducción radical (Quine, 1960). Los términos referenciales están indeterminados referencialmente en un contexto de interpretación radical (Quine,1969).

El contexto de validez en la ciencia,  no sólo el contexto de descubrimiento, es cuestionado. La teoría pictórica del lenguaje y la concepción heredada de teorías es así criticada radicalmente por la posición de Quine.

Asumiendo las posiciones respecto de la indeterminación de la referencia  de Quine(1969) y Wittgenstein(1953), Rorty (1979, 2000) desarrolla las consecuencias respecto del fundacionalismo epistemológico. A partir de las críticas al programa de la correspondencia-referencia, opta por una vía hacia la tradición del sentido y da un giro hacia la hermenéutica. En la crisis del paradigma del empirismo lógico, la conversación se plantea  como una alternativa válida frente al empeño de la tradición del reflejo. Si no hay un acceso privilegiado a la realidad, la objetividad deja de ser el centro. Se abre la posibilidad de contar con más de una descripción válida.

En dicho contexto, la descripción de la persona como una cosa, objetivable, es confrontada con la posición existencial que trae a la manola perspectiva del proyecto de ser. La persona se comporta consigo misma a futuro, no es una cosa enfrente solo en el presente.  La persona es concebida como para-sí,  no como un en-sí redondo y completo, sino que consciente y libre: Ya no más como  una cosa ante los ojos, propio de la posición epistemológica que reposa en la tradición sujeto-objeto.  Se abre la dimensión sujeto-sujeto.

El fundacionalismo no permite acceder a lo que es una persona, en cuanto ser existencial, que vive, abierto a sus posibilidades. Cree poder determinar absolutamente el referente y considera que lo hace en base a la evidencia. Pero no es así Es justamente lo que la sub-determinación de la teoría por la evidencia ha puesto en duda. El encuadre del referencialismo tiene ese límite.

La construcción del significado se lleva a cabo ahora,  con la participación en juegos de lenguaje y en contextos holísticos.  Para acceder al significado es necesario avanzar también en el plano del giro hermenéutico, donde el significado  se determina  en un contexto histórico. Es así como en la tradición de Heidegger, Sartre y Gadamer[1], con la  aparición de la noción de proyecto de ser, una persona es un quién, más que un qué. Así, la pregunta ¿quién soy?, puede abrir un horizonte de ser y sentido. Más aún, la noción de poder ser con otros en la elección de sí.

[1]  Según la proposición de Rorty(1979)

Lo que emerge en esta breve alusión a la visión fenomenológica existencial,  es considerar la dimensión del significado, compuesta por una dimensión extensional y también por una dimensión intensional. En una división entre ciencia y filosofía, la ciencia abordando la dimensión del referente y la filosofía la dimensión del sentido, se replantea el significado como una concepción bi-factorial, de sentido y referente.

Estas distinciones, referidas al ámbito del ser humano o persona como proyecto de ser,  no como una cosa, abierto a la posibilidad de ser (el comportamiento consigo mismo a futuro) con el haber de ser,  de un ser que está en juego en su ser y que por lo tanto se angustia, abren una nueva dimensión. Establecen distinciones que no estaban en juego en la concepción empírica, que permanecía circunscrita a la representación objetiva de lo presente-ante-los-ojos.

 

La perspectiva Existencial

En oposición al paradigma tradicional de la distinción sujeto-objeto, Heidegger (Dreyfus, 1991) propone  la estructura. de ser-en-el-mundo. Distingue distintos modos de ser. Disponible-a-la-mano, indisponible-a-la-mano, presente-ante-los-ojos y puramente presente-ante-los-ojos.

Al mismo tiempo presenta una concepción del lenguaje, donde la  comprensión/ interpretación antecede al enunciado (Lafont, 1997). Para él, el enunciado es derivado a partir de una estructura  donde se presenta el sentido, previo al referente.  El modo de ser-en-el-mundo supone una estructura pre-conceptual y un modo de comprensión pre-ontológico (previo a la teoría).

Nuestro modo  de orientarnos prácticamente en el mundo es pre-reflexivo. Cuando estamos en el mundo, disponible, participamos de prácticas de trasfondo en las cuales sabemos cómo comportarnos en cuanto somos parte de una tradición cultural viva.

Al presentarse un quiebre o anomalía, una indisponibilidad, se hace necesario movilizar el potencial de comprensión/interpretación, para restituir el acceso al trasfondo. Nuestra vida transcurre a diario en ese juego disponible-indisponible.

Cuando se presenta un quiebre que no se restituye por la práctica, aparece el modo presente-ante-los-ojos. El objeto se presenta y nos podemos constituir como sujetos enfrente de, o separados. Es lo que Heidegger atribuye a la posición tradicional, reflexiva que culminaría en Husserl[2]. Hay una mente que se enfrenta, como una mente representacional ante el objeto. Se representa lo que está enfrente, afuera, separado, como reflejo en su mente

[2]  Actualmente  hay discusión acerca de la versión de Husserl como proto-computacionalista debida a Dreyfus, al conocerse la obra no publicada de Husserl durante el período de crítica por parte de Heidegger. En tal sentido, ver Thompson (2007)

En cambio, en su posición de fenomenología hermenéutica, se está primordialmente en el mundo con los otros de una manera práctica, no reflexiva, teniendo un acceso a la experiencia de  saber de sí por un saber inmediato, sin previa reflexión.

La tradición interpretó que nuestro estar en el mundo era primordialmente reflexivo, como un sujeto frente a un objeto, el cual tiene que ser representado para que aparezca. Esta posición se encuentra en la psicología moderna, cuya metateoría está afincada en la tradición del reflejo que culmina en la concepción de la mente espejo.

 

  1. Paradigmas en psicoterapia y metateoría

En el contexto de la discusión de paradigmas en psicología, se reconocen tres grandes momentos paradigmáticos. El Conductismo, la Revolución Cognitiva y el  quiebre  representado por el Constructivismo, el cual fue seguido del Construccionismo Social (Arístegui, 2015).

Asumiendo una mirada desde el Núcleo de inteligibilidad Epistemológico (NIE) involucrado (Gergen, 1996), podemos distinguir junto a la teoría, dos discursos auxiliares, la metodología y la metateoría. 

Traslado a la psicoterapia, se reconocen cinco grandes orientaciones o paradigmas Psicoanálisis, Humanismo-existencial,   Conductismo, Cognitivismo, y Sistemismo.

Si bien al interior de cada encuadre, hay una variedad de teorías, éstas no difieren tanto a nivel metateórico y metodológico. Se plantea así que el Conductismo aparece como  la teoría que ofrece el máximo de alineamiento.  La teoría Cognitivista, que pretende ser una revolución paradigmática, no ofrece una alternativa en los niveles de metateórico y metodológico. El construccionismo social, sí plantea un nuevo alineamiento, ya que supone  un cambio en dichos niveles, al proponer la descripción performativa y los juegos de lenguaje y el holismo (ver figura 1).

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Si avanzamos en la descripción de los enfoques en psicoterapia, el psicoanálisis, el humanismo-existencial y el sistemismo, aparecen como orientaciones  que, aunque tienen su propia metodología y metateoría, en relación al nivel de la descripción de paradigmas en psicología no aparecen como inteligibles. Prevalece una subordinación de las teorías a un único marco  metateórico y metodológico: el empirismo lógico y  el método científico. Por lo tanto, no son validados en la confrontación tradicional, donde prevaleció sólo el conductismo, y posteriormente el cognitivismo.

Sin embargo, no es hasta que surge el constructivismo que  se  plantea un cambio, no solo en el dominio teórico, sino que en los supuestos epistemológicos. Se ofrece una  nueva mirada a los métodos de la ciencia con  la crítica a la tradición del empirismo lógico, que permanece afincada en la teoría de la verdad como correspondencia. La correspondencia-referencia es radicalmente cuestionada en la ciencia  dura por el constructivismo. Se pone en duda que los términos mismos de las teorías científicas puedan referir. Las posiciones antirrealistas reintroducen la preocupación por el sujeto. En ese escenario se replantea la noción de ciencia para la psicología y la psicoterapia. La ciencia natural, como ciencia normal, entra en un período revolucionario, en donde las ciencias sociales y las ciencias humanas y del espíritu replantean el vocabulario y el alcance ontológico al reconocer la subjetividad y la intersubjetividad. Podríamos ver en la crisis de paradigmas de la psicología un período revolucionario (en el sentido de Kuhn) en el cual cabe la conversación, entendida como una alternativa de entendimiento, al no haber una sola versión de la verdad.

 

Humanismo y Análisis Existencial de Längle en psicoterapia.

Paralelamente al desarrollo de la posición de verdad como correspondencia-referencia, que prevaleció en la ciencia empírica, se desarrolló la fenomenología y posteriormente la hermenéutica. Husserl comenzó con el siglo su aventura fenomenológica, que dio lugar a una nueva manera de concebir el significado, integrando la conciencia. Heidegger planteó la nueva perspectiva desde la fenomenología hermenéutica, en la dimensión relacional, abierta al contexto histórico. Llegado el año  1960, Gadamer[3] propuso su posición hermenéutica, proponiendo de lleno, en la línea del olvido del ser, el olvido del lenguaje. Si bien el enfoque del humanismo existencial supone esta vía de significado, ligado a la tradición que plantea la dimensión del sentido[4], en este contexto paradigmático abordaremos sucintamente las distinciones del humanismo y del existencialismo.

[3] Cfr.Gadamer (1975)

[4] Frankl, V. (2004; 1988).

Para ello seguimos la propuesta  del trabajo de Croquevielle (2009) quien ha distinguido el humanismo y el existencialismo. Resulta relevante para nuestra perspectiva incidir en una visión relacional en el área de discusión. El humanismo tiene como objetivo central el desarrollo y actualización de las potencialidades persona, estando en el ámbito de lo individual. En cambio, el Análisis Existencial Personal (AEP) de Längle[5] se sitúa en un paradigma dialógico-autodialógico,  de un ser en el mundo con los demás, siguiendo la fenomenología hermenéutica.

La vía existencial del AEP se plantea en una diferencia respecto de posiciones humanistas. Recordemos la auto-actualización de Maslow y la crítica de Frankl, lo que condujo a la noción de meta-motivación en una línea transpersonal.

Es, entonces,  una diferencia central la que apunta a la dimensión relacional, afincada en la fenomenología hermenéutica, que se diferencia de la fenomenología de la conciencia. Entrando directamente en lo que nos parece más pertinente, la posición de Heidegger incide en considerar la vía pre-reflexiva como acceso directo al ser, a diferencia del planteamiento de que se necesita una entrada reflexiva para acceder al ser.

Estas distinciones son especialmente importantes para nuestro trabajo en conexión con . Fueron tempranamente desarrolladas por Sartre, quien optó por la noción de pre-reflexividad, proponiendo que la reflexión es un modo de ser de  la conciencia, junto a la imaginación, la emoción, la percepción, y que no debe ser identificada con la conciencia misma. En todo caso, es en un diálogo entre la fenomenología de Husserl y fenomenología hermenéutica  de Heidegger que se desarrolla nuestra propuesta  de converger desde el análisis existencial con las modalidades del Mindfulness.

[5]Cfr.una visión actual( Längle, 2012b)

 

       3.La perspectiva del Análisis Existencial.

Situándonos en el contexto del AE (Croquevielle,2009; Längle,1995,1999, 2003a), los supuestos epistemológicos apuntan a la fenomenología hermenéutica.

Längle distingue la fenomenología en el encuadre de Husserl, del planteamiento de la fenomenología hermenéutica de Heidegger. En ese tránsito, asimila al Análisis existencial los pasos del método  de la epoché de Heidegger (Längle, 2006) en los siguientes términos:

Reducción, ¿qué se muestra?

Construcción, ¿cómo es esto?

Destrucción ¿en efecto, es así?

Los pasos en cuestión son seguidos  en el análisis Existencial Personal (AEP), como contenido fenomenal(AEP1), comprensión más profunda(AEP2), seguida de un nuevo abrirse, con toma una posición y acción  (AEP2ªparte y AEP3).

En el AE distinguimos el AEP y la formulación de las cuatro motivaciones fundamentales de la existencia.

El origen del enfoque, en el planteamiento de Frankl, trajo la mirada del sentido (de Heidegger) como un complemento  a la psicoterapia (Längle, 2000a). Abrió así la logoterapia. Preguntar por la existencia y por el sentido se transformó en un modo profundo de desarrollar el existencialismo en psicoterapia. Frankl trae la posición del existencialismo en una continuidad con Kierkegaard, Jaspers, Scheler (desde la fenomenología de Scheler, los valores, juegan un papel importante en su formulación).

Introduce la una manera de abordar el problema del  vacío existencial  de la época con la respuesta existencial (y no una mera reacción entre lo que “entra y lo que sale”). Hay espacio para dar una respuesta en situaciones límite, principalmente.

Corresponde a Längle(2012a, 2005a) desarrollar  y ampliar a partir de esta óptica, un  modo terapéutico  de Análisis Existencial[6]  actual, introduciendo el paradigma de las  cuatro motivaciones fundamentales de la existencia. Dando un paso hacia las condiciones en la cuales se plantea el sentido, se abre a  dos ejes, el  eje estructural y el eje procesal.

[6]  Al respecto, el Análisis Existencial de Langle se diferencia del daseinanalyse de Binswanger. 

 

Las Cuatro Motivaciones Fundamentales de la Existencia

En el eje estructural plantea cuatro  motivaciones fundamentales de la existencia (Längle, 2000b).

La primera motivación, poder ser, donde es central  lo que se percibe del mundo interno y   externo, que plantea la pregunta ¿Puedo ser?, nos confronta con cómo puedo mantenerme en el mundo. ¿Puedo ser, tener piso? Ser o no ser, esa es la cuestión, en este caso. Si mi respuesta es  no, que no tengo base, sobrevienen  las reacciones de coping.  Se describe la huida, la lucha, la agresión del tipo del odio y la parálisis. Son reacciones  que en fondo remiten a una vivencia de no poder ser. Ante esta situación se plantea la elaboración de las reacciones de coping. Comienza por llevar la atención a percibir, a ver la realidad, lo que le permite mantener o sostener. Más allá, aparece el soportar, como un poder soportar.  Que abre a poder aceptar, más sereno, un sí al ser.  Se presentan tres condiciones del poder aceptar: protección, espacio, sostén. De la experiencia de sostén surge la confianza, como experiencia del fondo del ser.

 La segunda motivación, gustar de vivir, que pone en juego la conexión con la vida, sentimientos, relaciones y vínculos de cercanía.  Plantea la pregunta, Yo vivo, pero… ¿me gusta vivir’?… ¿qué es para mí vivir aquí?… ¿tengo siento gusto de vivir, agrado?… ¿O siento disgusto?

Cuando hacemos cosas que no nos gustan, aparecen reacciones de coping. Se retira. Si no da resultado, aparece el activismo, esforzarse, la desvalorización del fin. Otra reacción es la agresión del tipo de la rabia. Finalmente el reflejo de resignación o agotamiento.

La elaboración se plantea al poner enfrente el disgusto; inevitablemente llegamos a la perdida y al duelo.  Se pone ante el sentimiento de vivir. El primer paso es inclinarme o acercarme a la perdida, que paradojalmente me acerca a la vida; el segundo hacia mí,  en la autorrelación, de autocompasión, y hacia los demás en la relación. Las condiciones para tener acercamiento a la vida son: cercanía, tiempo, espacio. La profunda relación con la vida es la base de todos los valores.

La tercera motivación, Permitirse ser uno mismo, poder vivir la propia vida. Aparece el otro, ante quien construyo mi identidad.  Plantea la pregunta, ¿me es lícito ser como yo soy? ¿Me permito ser como yo soy? ¿Puedo ser  yo mismo? Cuando el medio ambiente me dificulta ser yo mismo, aparecen las reacciones de coping. Lo fundamental es tomar distancia. O sobreactuar y dar la razón. Otro es la agresión del tipo ira o fastidio. Y la disociación. La elaboración pone enacción la toma de posición, aprecio, juicio.  La toma de distancia es fundamental.  Tengo mi propia opinión. Conduce al perdón y arrepentimiento. Las condiciones para el encuentro, son las siguientes: consideración, aprecio, justicia y equidad. En el fondo de esta motivación está el valor de sí mismo la autoestima. La autovaloración de sí mismo.

 La cuarta motivación, devenir activo, aborda lo que Frankl planteó, que la vida tenga Sentido. La pregunta que plantea es: ¿para qué es bueno que esté yo aquí? ¿A qué me siento llamado? Es un Imperativo. Incluye poder, gustar, permitir, para ser sentido. Cuando no lo encuentro, aparecen reacciones de coping: relaciones provisorias. Aparece Fanatismo, idealización. Aparece agresión hacia el otro, como vandalismo, cinismo, sarcasmo. Desesperación, apatía, nihilismo.  Para una acción con sentido, es necesario responder, lo que se denomina giro existencial.  Hay tres vías para construir sentido:   Valores vivenciales, Valores creativos, Valores de actitud. Las condiciones fundamentales para tener sentido incluyen Campo de actividad-acción; Vinculación con un contexto mayor; Valor en el futuro.

 

El Análisis existencial Personal (AEP)

En el eje procesal se desenvuelve el Análisis Existencial Personal (Croquevielle,2009; Längle2006) en un diálogo- auto-diálogo. Tanto el mundo interior, como el mundo exterior están involucrados para desarrollar el diálogo. Se requieren capacidades (desde afuera: ser aludible, poder comprender, poder responder)  a las que les corresponden modos de experiencia y  capacidad de poder responder (desde adentro: impresionabilidad, toma de posición, expresión).

A través de una secuencia de tres pasos toma lugar el AEP:

AEP1. Al principio, primer paso, se es interpelado, lo que causa una Impresión.

AEP2.  A continuación, en un segundo paso, a través del auto-distanciamiento, se posibilita una toma de posición

AEP3. Finalmente, al auto-trascender y dar una respuesta, la persona se expresa. (“El ser de devela en el hacer”).

En la mirada psicopatológica del eje procesal, se ve la neurosis como  una perturbación en alguna de estas fases descritas. El efecto central del AE remite al dialogo de la persona  consigo misma.

 

  1. Ciencias Cognitivas, Presencia Plena y Mindfulness

    Ciencias Cognitivas: 

    Las ciencias cognitivas nacen en  la segunda mitad el siglo XX como un programa  de investigación que integra el campo  de la psicología cognitiva, la neurociencia, la lingüística, la inteligencia artificial y la filosofía.  Dicho programa, está orientado a explicitar los mecanismos de la cognición. Incluye diversas etapas. Se reconoce un momento inicial ligado a la cibernética (Varela,1990;Varela,Thompson,Rosch, 2011) que da lugar a tres etapas subsiguientes, presentes actualmente: Cognitivismo, Conexionismo y Enacción

    En el inicio, la etapa Cibernética propuso mecanismos de feed-back, con los cuales fue posible representarse un sistema con entrada y salidas, teniendo una “caja negra” en la dimensión correspondiente a la fase de los “procesos”. Está aún  ligada a los sistemas  recursivos de conductismo-lógico, lo que posteriormente se denominó cibernética de primer orden. Proliferó con los modelos comunicacionales.  La noción de equi-finalidad constituyó una valiosa metáfora para modelar la idea del comportamiento humano orientado a metas. 

    En la siguiente etapa, el cognitivismo sí permitió concebir un sistema más allá de entradas y salidas con la posibilidad de procesar símbolos. El cognitivismo trae la metáfora de la mente computacional. En el contexto del funcionalismo, se propone la distinción, software-hardware en una analogía con  mente-cerebro, separando los procesos simbólicos (mente), de la máquina (cuerpo). Los procesos mentales, como rutinas sub-personales, quedan fuera del alcance de la conciencia de la persona. 

    En discusión con la etapa  del cognitivismo, el conexionismo  se avoca a las redes neuronales. Aparece en los ochenta, con la metáfora de la mente como una red neuronal, interconectada. Reconoce  reglas de  aprendizaje e historias acumuladas, aunque no considera la conciencia.

    Enacción: en la década de los 90 aparece una nueva metáfora, la mente como un sistema dinámico encarnada en el mundo. Plantea la premisa de la cognición como un fenómeno intrínsecamente temporal,  el cual responde a perturbaciones más que a repeticiones. Las estructuras y los procesos cognitivos encarnan habilidades. Al incluir la dimensión de la conciencia y la subjetividad, ofrece un nuevo contexto. Surge  el proyecto de la neuro-fenomenología, permitiendo  establecer puentes entre  el dinamicismo y la fenomenología.

     

El programa de la Neuro-fenomenología y la experiencia de Presencia Plena

En este contexto, el método fenomenológico propone como procedimiento central, la distinción entre la actitud natural, direccionada hacia el mundo, como si existiera independientemente  de nosotros y la actitud fenomenológica, orientada a la experiencia del fenómeno tal como se nos presenta. Este correlato se denomina la reducción fenomenológica. Interesa el cómo son las cosas más que el qué. El paso del qué al cómo necesita la presencia de la primera persona. El poner entre paréntesis la existencia de las creencias (epoché) es análogo a la habilidad encarnada mindfulness de  suspender la actitud natural hacia el mundo y prestar atención a cómo aparece la experiencia en la tradición budista de presencia plena. Aquí toma importancia considerar  pragmáticamente la reducción fenomenológica en primera persona, para el estudio de la conciencia, como en mindfulness. Establecer conexiones entre la fenomenología, la meditación mindfulness aplicada en psicoterapia y  el programa neuro-fenomenológico ayuda a clarificar el fenómeno en  estudio (Varela, 2002). Es en este campo donde pensamos que los métodos de verificación en tercera persona y de descubrimiento en primera persona, contribuyen a hacer aparecer el espectro de la segunda persona,  de fenomenología hermenéutica, vital para la psicoterapia.

 Varela (2000) propone una versión o síntesis propia de la fenomenología, como un gesto de reflexión específico o reducción fenomenológica. Este gesto transforma una experiencia simple en una reflexión de segundo orden[7].La reducción fenomenológica involucra una secuencia de cuatro momentos en que se presenta el gesto consciente.

Lo exponemos, modificado para presentarlo a continuación (ver figura 2):

 

[7]Cfr. la discusión respecto de la reflexión y el nivel pre-reflexivo entre Husserl y Heidegger en Adrián(2010)

 Además, Varela en esta presentación de delimita respecto de una visión cognitivista de la fenomenología.

 

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Principales Intervenciones Mindfulness

 La intervenciones basadas en mindfulness (MBIs) han tenido un desarrollo continuo desde el inicial planteamiento del programa para la reducción del estrés (MBSR)  de Kabat-Zinn en 1979, (Kabat-Zinn, 1982, 1990, 1994,1996, 2003, 2005, 2009, 2011).Entre los años 1980 y 1990,  el programa  tuvo un incremento sostenido y gradual en el área de la medicina y en salud mental. Desde 1990, en adelante, se escaló exponencialmente hasta el día de hoy, habiendo  15.000 profesionales que han recibido instrucción (Mc Cawn, 2014)

Se han desarrollado otros formatos de MBIs, inspirados en la estructura de dada por el programa MBSR. La investigación clave se iniciócon la Terapia Cognitiva, dando lugar a la Terapia Cognitiva Basada en Mindfulness (MBCT) en el Reino Unido, para la prevención de recaídas en depresión (Segal, Williams &Teasdale, 2002).

La línea de MBIs, se extiende hacia aplicaciones en Desorden de Estrés Post-Traumático(PTSD); a formas más específicas como Mejoramiento de Relaciones Basadas en Mindfulness (MBRE) (Carlson, et al 2006); Prevención de Recaídas Basado en Mindfulness(MBRP) (Marlat & Gordon 1985);Entrenamiento en Darse Cuenta al Comer Basado en Mindfulness (MB-EAT) (Kristeller & Hallett,1999).

MBIs, también han integrado dos intervenciones psicoterapéuticas, sin todo el andamiaje del MBSR: en la conocida aplicación a trastornos de Personalidad Límite, la Terapia Dialéctico Conductual (DBT) (Linehan, 1993 a, b) y en la Terapia de Aceptación y Compromiso. (ACT) (Hayes, Strosahl & Wilson, 1999).

 

Definición operacional de Mindfulness

Se reconocen distintas definiciones de Mindfulness: la  versión del discurso de investigación científica; una versión que aparece desde la psicología social, sin compromiso de la tradición de prácticas asiáticas; otras versiones que provienen de raíces budistas y que aparecen en el budismo de Occidente; y la versión desde las neurociencias.

Para los fines de nuestra presentación, nos centraremos  principalmente en la definición científica y en la definición de neurociencias.

En este ámbito, la definición operacional viene dada por el enunciado central dado por Kabatt-Zinn (1994, p.4), quien sostiene que Mindfulness es  “Prestar atención, en una forma particular, intencionalmente, en el momento presente, sin juicio”.

Profundizando en  los componentes de esta definición, se reconocen tres elementos, que  de acuerdo con Shapiro y Carlson (2014) son:

  • Intencionalmente
  • Atención centrada en el presente
  • Ausencia de juicio

La intención implica no sólo la decisión de atender a la experiencia, sino que una motivación a la práctica Mindfulness.

La atención se refiere al foco sostenido momento a momento al inicio y a continuación a la flexibilidad.

La actitud  se dirige a ir más allá de no enjuiciar, hacia la aceptación y bondad hacia la propia experiencia.

 

Mecanismos de cambio

Estos tres conceptos confluyen en un cambio de la conciencia, una nueva relación de la conciencia y el mundo, en un meta-mecanismo denominado repercepción (Shapiro y Carlson, 2009; Shapiro et al. 2006).

La repercepción se refiere a la experiencia de ser una conciencia observante, que está involucrada y  simultáneamente observando de la experiencia. Esto se  hace patente en  expresiones como “Yo no soy mis pensamientos”.

Si bien existe una discusión acerca de la definición de Mindfulness, dado que el término es usado para referir a distintos constructos, un elemento nuclear que cruza las distintas conceptualizaciones es la atención. Particularmente importante es prestar atención al cuerpo, especialmente a la respiración y a las sensaciones del cuerpo

Definición de Neurociencia

Daniel Siegel (2007, 2010); da cuenta de la reactividad del sistema límbico y sostiene que la meditación está asociada a cambios estructurales en el cerebro. Los cerebros de meditadores de larga data, muestran engrosamiento comparados con controles normales, en áreas responsables del procesamiento sensorial,  cognitivo y emocional (Lazar, et al., 2005). Las investigaciones destacan un en efecto principal en la corteza prefrontal izquierda, lo que se vincula a un aumento de la capacidad de regular emociones.

Se ha sugerido que la meditación Mindfulness influye en los participantes a través de cuatro mecanismos de acción:

  • Regulación de la atención
  • Conciencia del cuerpo
  • Regulación de las emociones
  • Cambio en la perspectiva del self.

 Los autores coinciden en que el aspecto central a destacar como efecto psicoterapéutico  es la regulación emocional.

 

  1. Abriendo el diálogo Desde el AE con la tradición de Presencia Plena y Mindfulness

    5.1       Propusimos inicialmente la posibilidad de ser un terapeuta mindful en el contexto del AE, teniendo en cuenta que el principal aporte desde esa perspectiva consiste en traer la experiencia de la presencia plena a la relación terapéutica. Al mismo tiempo nos inclinamos por una mirada de integración, más que de eclecticismo técnico. Esto nos aparece por la convergencia en el modo de abordar el fenómeno de apertura a la dimensión del ser existencial en el contexto de la psicoterapia, con un acceso pre-reflexivo a la experiencia. Esta distinción nos parece central, por cuanto tanto el Análisis Existencial como Mindfulness, se acercan a la dimensión de la existencia en una posición de primera persona con una actitud vivencial, no teórica ni primordialmente reflexiva, aunque la integran, por supuesto. Enfatizan que el modo de acceso al ser existencial no es primariamente distante, abstracto, reflexivo.

    Teniendo en cuenta esta base para indagación, propusimos un encuadre contextual aludiendo a una alternativa de integración  en una perspectiva metateórica, más que técnica. Pensamos que desde una posición de visión clínica compartida nivel metateórico  es posible integrar, sin intentar fundir teóricamente los enfoques, respetando la identidad de cada perspectiva. Y a la vez, sin intentar sintetizar o mezclar de modo  meramente instrumental las técnicas.

    Al entrar en esa dimensión, nos planteamos el siguiente problema previo: Si bien las formulaciones del Mindfulness están orientadas a elicitar la experiencia en primera persona, al mismo tiempo son aplicadas y enmarcadas en un modelo de investigación formal, con diseños cerrados, para cumplir un protocolo de investigación estrictos. Por consiguiente, responden a exigencias de manualización para hacer comparables los resultados. Enfatizamos esta observación al proponer que la investigación y los informes de aplicación de Mindfulness en psicoterapia, se plantean en tercera persona. Sin embargo la experiencia central en un proceso de meditación Mindfulness, desde nuestro punto de vista, responde al fenómeno de la conciencia vivida en primera persona, que es validado desde una posición de segunda persona. Nos referimos a una forma sistemática y metodológicamente válida de dar cuenta de la experiencia en primera persona en un marco relacional, sin desestimar los testimonios que a menudo acompañan la investigación “dura”.

     Al mismo tiempo, desde una perspectiva de AE, los informes se presentan enfatizando la descripción y comprensión en primera persona, en un contexto relacional generativo, además de cumplir cánones de investigación en tercera persona.

    Se presenta, por tanto la asimetría epistemológica entre la primera y la tercera persona, que incide en el quiebre entre las metodologías de investigación. Y que determina que el acercamiento al “objeto de estudio” no accede “a las cosas mismas”. La pregunta por encontrar una forma de integración  de Mindfulness y Análisis Existencial, nos mueve a indagar más profundamente.

    5.2       Conjeturamos que el  origen de esta asimetría se plantea debido al compromiso paradigmático de la psicología y la psicoterapia  moderna con la metateoría del empirismo lógico, que reposa en la perspectiva epistemológica de la tercera persona. La observación científica normal cumple criterios objetivos de verificación, que no dan cuenta de la experiencia en primera persona. La crisis del paradigma, por la doble sub-determinación de la teoría por la evidencia  que indetermina los referentes, ingresa en la psicología con el constructivismo, abriendo la discusión hacia la consideración de un vocabulario no solo extensional en la concepción de los informes en ciencia.  (La crisis paradigmática) se plantea reconociendo la alternativa de la hermenéutica.  La comprensión-interpretación, antecede al enunciado científico.  Se explicita que el sentido determina la referencia. Sin embargo, aún se remite a un dualismo entre las perspectivas de referencia objetiva y de sentido subjetivo. La discusión de paradigmas en psicoterapia está partida por estas oposiciones.

    Nos parece que la situación cambia radicalmente  con la propuesta surgida desde las ciencias cognitivas, en la tercera fase, de la enacción y el dinamicismo, que da lugar a un nuevo programa de investigación proponiendo un puente entre la tercera persona y la primera persona. Al investigar el problema difícil de la conciencia, no basta con dar cuenta de las conexiones neurales(o del “cableado en la cabeza”), sino que es necesario contar con descripciones en primera persona, que nos acerquen al fenómeno y no a la cosa. Reformulando una perspectiva de neuro-filosofía reductivista, la neurofenomenología retoma la conversación o integración entre la ciencia natural y la fenomenología.  Propone una ciencia  holística, que entendemos como transformacional y no sólo crítica ante el empirismo lógico, abierta al sentido.

    En la misma  dirección, nos apare el problema que se plantea en  la investigación de  en psicoterapia. El marco epistemológico de las metodologías corresponde a la ciencia normal, que en términos de ciencias cognitivas, se expresa en el debate entre cognitivismo y conexionismo.  La presencia plena y la experiencia de darse cuenta en Mindfulness se traducen a un encuadre de validación en tercera persona. Aparece solo una orilla, el puente está cortado.

     Nos parece que se abre una alternativa promisoria al acceder a una perspectiva de integración  en un programa de investigación en psicoterapia  de Análisis Existencial con Mindfulness en un encuadre de enacción y neuro-fenomenología abierto a la dimensión de la segunda persona.  Esto significa que en el contexto de articulación de la tercera persona y la primera persona en la investigación, aparece la dimensión relacional de la segunda persona, como una instancia de mediación irreductible en la indagación en psicoterapia. Es la posición intersubjetiva de validación.

     Con esta formulación damos un paso adelante en nuestro problema inicial y nos situamos en una posición, en este punto[8], donde surge nítidamente el compromiso con la fenomenología hermenéutica, como vía de integración. Reconocemos aquí un fundamento metateórico alternativo  a la tradición de la ciencia normal en psicoterapia. En un contexto relacional es posible situar los referentes directos, emergiendo del proceso de indagación en curso y no de principios hermenéuticos previos. El sentido emerge en este contexto, no está dado.

    Nos parece que ésta es una vía  de integración metateórica y metodológica que nos que abre a la conversación y diálogo en psicoterapia  de AE con Mindfulness.

     

    [8]  Cabe aquí  examinar la alusión de Varela(2002) a la posición de la heterofenomenología (Dennet, 1995).

     

    5.3       En el contexto anteriormente señalado nos aparecen  las distinciones del marco de la Fenomenología Hermenéutica como un encuadre para explorar posibles cruces de metodologías del Análisis Existencial con Mindfulness.

    Proponemos que Mindfulness es inherentemente un camino  o proceso en el cual se pone en juego, se trae a la mano, una  actitud existencial (donde lo relevante es acceder a modos de ser o existenciarios,  no los contenidos de conciencia).

     Es un acceso primariamente pre-reflexivo, donde también se está abierto al pensar reflexivo, no sólo  al pensar calculador (como señala Heidegger, en Serenidad[9])

     

    [9]  Ver Heidegger(1989)

     

    5.3.1    Vemos la definición central  de  “Prestar atención, en una forma particular, intencionalmente, en el momento presente, sin juicio” (Kabat Zinn, 1994, p.4), en el encuadre de descripción fenomenológica, más que en la dimensión de una definición operacional de un constructo mental.  Por supuesto, eso implica reformular la noción de atención- y del mecanismo de repercepción propuesto en conexión con toda la definición- en términos de percepción como enacción, esto quiere decir, no remitiendo a una representación mental, sino que a un modo de  percepción, guiada motrizmente, encarnada. O sea de alguien situada en el mundo. Quien  presta atención, paso a paso, sin enjuiciar la experiencia, o sea viviendo un proceso de aceptación radical. Si a continuación, dejamos, además, el marco individualista de la definición, que se circunscribe a estudios de rasgo y estado, aparece la dimensión o perspectiva relacional de Mindfulness.

    5.3.2    Acordamos con Mc Cawn (2014), en que no existe una sola definición válida de , sino que  los momentos  surgen en  espacios de co-creación, donde los participantes están ajustando cómo lo comprenden.

     Sostenemos, además, que los recursos de elaboración o actitudes existenciales frente a los distintos tipos de coping, como se muestran en las cuatro motivaciones fundamentales del Análisis Existencial abren un espectro de comprensión de la experiencia fenomenológica  que surge en el proceso  de prestar atención sostenida en la meditación .  Esta visión, no sólo permite distinguir un enfoque de  la “mente fenomenológica” frente a la “mente computacional”, sino que el atravesar el dualismo epistemológico de sujeto objeto, abre una vía de comprensión subjetiva e intersubjetiva del modo de ser en el mundo con los demás, en el contexto de una relación.

    5.3.3    El paradigma de las cuatro motivaciones fundamentales constituye un horizonte de comprensión  de las intervenciones basadas en/con , en cuanto provee una descripción que aborda la “expresión y giros intencionales”, indispensables para la comprensión del significado de la experiencia en primera persona desde la segunda persona, en un marco de relación terapéutica.

    El Contexto  desde el  AE,  con  las cuatro MF y las actitudes de elaboración, no es un marco teórico de trasfondo al cual se traduce la experiencia , sino que constituye una forma práctica de orientar la mirada atenta, el cuidado en la relación terapéutica. Es un modo de estar presente y comprender con el otro.  Es un proceso  que da  un marco fenomenológico hermenéutico para  asimilar el proceso  de Presencia Plena y los momentos  en la relación terapéutica.

    5.3.4    Encontramos útil referir aquí a los pasos  de la metodología en primera persona  (Varela 2002, p.310), en cuanto esta dimensión está implícita en los procedimientos guiados de las prácticas  (Ver figura 3)

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Por ejemplo, al  aprender a entrenar la atención, una forma inicial básica de introducir a la práctica, es indicar prestar atención en las sensaciones corporales que aparecen al respirar. Habitualmente, la persona no entrenada toma conciencia de lo difícil que resulta prestar atención sin distraerse. Pues bien, ése es el modo que permite el aprendizaje. Volver a enpezar, sin juicio, constituye un espacio de validación y aceptación intersubjetiva, que guía la práctica y que  permite cultivar la amabilidad consigo mismo.

Se ha descrito (Cullen, Brito,2015) este proceso en  los tres pasos siguiente( Ver figura4)

 

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5.3.5    Consideramos  especialmente relevante introducir  el marco de aprendizaje de las prácticas  atendiendo al contexto psicoterapéutico específico, y no genérico. Para ello proponemos un esquema (modificado para nuestros fines) del proceso de asimilación progresiva de las habilidades de conciencia plena (Varela 2003).[10](Ver Figura 5)

 

[10]El esquema está inspirado en  el modelo de habilidades de Dreyfus,H., Dreyfus,S. (1986)

 

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Entendemos las metodologías  de primera persona, más allá de la asimilación  de habilidades de estudiante de  libro o de técnicas, en el marco de la presencia y relación  terapéutica en un mundo variable. Una integración del AE, propone que esa dimensión de mundo, corresponde al determinado ser en el mundo de la persona que consulta en terapia, en el contexto de un proceso relacional (Längle,2006).  Un terapeuta  que practica o ejerce la psicoterapia de AE con Mindfulness necesita conocer  cómo está situada la persona en el contexto de las cuatro motivaciones, como contexto relevante en la práctica. Esto trasciende el formato de incorporación de metodologías formales descontextualizadas.

 5.3.6  Considerando lo recién expuesto, de aplicar metodologías de  situadas en el contexto de las cuatro motivaciones fundamentales, se abren preguntas y perspectivas para introducir descripciones fenomenológicas- los dominios de coping–  que permiten abordar  los trastornos, la psicopatología, y el proceso de elaboración. Aquí ejemplificamos para ilustrar formas de aplicación posible en forma integrada. Considerando que los programas  se aplican a determinadas problemáticas o patologías, sería posible diseñar una cartografía (por ahora ejemplificada parcialmente, como índice para desarrollar una hipótesis de trabajo) que oriente intervenciones clínicas de AE con Mindfulness (Ver figura 6).

 

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Comentaremos  brevemente, para cerrar nuestras reflexiones en la segunda y primera motivación[11]. Así, por ejemplo, en el inicio de los programas , Kabat-Zinn aplicó el taller  de ocho semanas MBSR para la reducción de estrés. Este formato dio comienzo a un sostenido desarrollo que no se detiene aún. El reporte científico mostró una reducción significativa de los indicadores de estrés en los participantes. Posteriormente (Segal, Williams, Teasdale, 2002) apareció el Taller MBCT, en el Reino Unido, aplicado a recaídas en Depresión, que logró también gran éxito.  Esos programas han abierto un nutrido tránsito desde Políticas en  Salud Pública hacia Políticas en Salud Mental que se incrementa más aún.

 

[11]Por razones de espacio ejemplificamos las motivaciones tercera y cuarta en una siguiente comunicación.

 

Si nos proponemos acercarnos con una mirada fenomenología hermenéutica, desde el AE, en el contexto de las Cuatro Motivaciones Fundamentales (Längle, 2000b), nos encontramos con una perspectiva que señala el compromiso del Estrés y Burnout (Längle, 2003b) con  la  segunda MF, la  forma de relación con  la vida, consigo mismo y  los otros…  la relación enfrentando el vacío, con una actitud no existencial. Al mismo tiempo con una descripción del compromiso de las restantes motivaciones. Una pérdida de valor en la sociedad del rendimiento.

 Si avanzamos en el conocimiento del modelo MBCT, vamos a encontrar también una descripción específica, que nos conduce a la dimensión de la relación, consigo mismo y los demás.  A la vez, podremos tomar en cuenta que la línea de entrada de Mindfulness  ha venido con Estrés, Burnout y Depresión (recordamos a Byung-Chul Han[12] y su caracterización de las personas que se autoexplotan; y que además no sacan conclusiones acerca del sistema, sino que aparecen individualmente deprimidos…). Vemos que el desarrollo de Mindfulness hacia la compasión, la actitud bondadosa hacia los demás, en este encuadre de las MF, se hace inteligible teniendo la relación como foco.

 Si ahora (last, but not least), miramos el Programa de la Ansiedad (Alonso, 2011), nos encontramos con  un  modelo que nos muestra paso a paso cómo abordar  el miedo psicológico. Parte con centrar la atención en la respiración, particularmente  haciendo más larga la espiración. Más que intentar traspasar una técnica de libro, encontramos pertinente señalar que, a diferencia del Taller MBSR de Estrés, aquí, la vía de entrada es la respiración,  la presencia y el caminar consciente formal e informal, en la primera etapa y no la atención sostenida al cuerpo, como es en el escáner corporal en el MBSR. En un contexto clínico de un trastorno donde aparece la angustia (Längle,2005b), estas breves indicaciones sirven de base para variar el método y contextualizarlo desde la segunda a la primera motivación. Si no se aplica el contexto clínico (Poder ser, angustia fundamental; o angustia de expectativa, comprometiendo las restantes motivaciones…), un énfasis en seguir el protocolo, por ejemplo  desde la primera sesión del taller de reducción de  estrés (MBSR), puede conducir a que en la supervisión de casos clínicos, nos enteremos  que alguien se angustió muchísimo a los minutos de comenzado los ejercicios prácticos. Y la formula, “si tiene problemas con la meditación, es signo de que debe meditar más”, no funciona. Un contexto clínico prioriza  la respuesta de la persona en la relación, no  la técnica  aunque esté enmarcada como sabiduría.

 

[12]  Cfr.  Psicopolítica (Han,Byung-Chul 2014)

 

Adrián, J. (2010) Heidegger y la genealogía de la pregunta por el ser.  Barcelona: Herder.
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Arístegui, R (2015) De la traducción radical a la indeterminación de la traducción en la comunicación terapéutica. En Fried Schnitman, D., Diálogos para la transformación: experiencias en terapia y otras intervenciones psicosociales en Iberoamérica (pp. 152-176) Recuperado de www.taosinstitute.net
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Roberto Arístegui, PhD

Psicólogo

Postítulo © en Análisis Existencial (ICAE)

Profesor Escuela de Psicología UAI

roberto.aristegui@uai.cl

 

Por José Martín Maturana.

“Mientras tenga la libertad de ser, nada será imposible”, palabras profundas y arraigadas en el corazón de Magda, personaje principal de la novela En Medio De Ninguna Parte de J.M Coetzee. Un libro desgarrador, pero sutilmente bello cuando se trata de las conversaciones sobre el dolor humano y sus luchas constantes por darle espacio a lo olvidado.

Magda vive con su padre, pero ella siente el dolor de no ser aceptada por él, relata: “Estaba ausente. Tampoco me echaron en falta. Para mi padre, he sido una ausencia durante toda la vida”. Uno de los dolores más profundos y difíciles de asimilar, sentir el rechazo de quien debería sostenerme o abrir la puerta a la realización de mi existencia, ¿un huracán existencial nos da mayor fortaleza para defender la propia vida?

En medio de ninguna parte es una reflexión por ese sentimiento de estar perdidos, sumidos en una visión de túnel, aquietados por sentir la estrechez del mundo. Sin embargo, desde el Análisis Existencial, se busca romper con los determinismos y llevar al ser humano a ser protagonista de su existencia con todas las dificultades que eso implica; miedos, ansiedades, angustias, no poder soltar, duelos, etc.

Tal como muy bien nos relata Magda, “Lucho por no convertirme en uno de esos seres que la historia olvida. Soy una solterona que guarda cerrado a buen recaudo su diario, pero también algo más que eso. Cuando se apagan todas las luces sonrío en la oscuridad. Mis dientes lanzan destellos, aunque nadie quiera creerlo”. Esa lucha por encontrar nuestro espacio en el mundo y alzarnos por sobre el dolor, es un acceso a nuestra libertad de poder reescribir nuestra historia en el presente.

El libro toca temas centrales para el Análisis Existencial,en especial la primera motivación fundamental, el poder-ser-en-el-mundo. Desde la dificultad de una Sudáfrica rural, donde las tradiciones trizaban la dignidad humana de quienes estaban debajo del amo. Incluso aunque fuera la propia sangre como la historia de Magda, conun padre ausente y una madre que falleció en la primera infancia.

Para afrontar la realidad, se debe contar con las condiciones para poder ser en el mundo, que son; espacio, protección y sostén, sin esas condiciones caemos fácilmente en el vacío o en el abismo. Condiciones que tienen comprometida a Magda, tal como describe: “en un relato tejido de motivaciones conscientes, ¿qué ser podría ser yo? Mi libertad está en entredicho, me van arrinconando una serie de fuerzas que escapan a mi dominio, pronto no me quedará más que acuclillarme en un rincón a llorar, a tensar los músculos”, desde su sentir podemos notar la estrechez, el sufrimiento que implica la falta de espacio, sostén y protección en su vida. Encerrada en su cuarto, relegada a las funciones domésticas hacia el padre y volcada en el espacio que le concede su diario personal.

La pregunta profunda de Magda pareciera ser ¿Qué puedo hacer? ¿Qué hace el ser humano cuando se siente en medio de ninguna parte? ¿Quién no se ha sentido alguna vez extranjero en su propio espacio? ¿Extranjero de su mundo? Es difícil encontrar una respuesta a preguntas tan trascendentales, pero lo que sí sabemos es que para salir de esa estrechez se necesita coraje e intercambio con las posibilidades, en propias palabras de la protagonista: “Ésta es mi mano de carne y hueso, es la misma mano de todos los días. Doy un paso: ésta es la tierra, tan real como yo misma, real hasta la médula. Por lo tanto, las palabras deben hacer alusión a un tiempo aún por venir”.

El coraje es un salto por sobre nuestra quietud, asumiendo que el piso donde voy a caer podría no ser seguro.  Este salto es un riesgo como todo en la vida, pero nos ayuda a sentir más confianza y fidelidad con uno mismo. Elementos fundamentales para sentir que voy ganando un espacio en mi existencia y que hay  caminos para mi vida. Un salto difícil, muchas veces sujetados por el dolor y el sentimiento de no poder, pero otras veces presos de una percepción errónea de las propias capacidades para enfrentar la realidad.

No puedo saltar si no existe un diálogo sincero conmigo mismo, ya que al momento de saltar debo llevarme en mis brazos. Es por eso necesaria la confrontación con uno mismo a través de nuestra naturaleza humana dialogante, como muy bien intuye Magda: “Siempre me ha ocurrido que las palabras me llegan y yo las dejo pasar sin más. Nunca he sabido cuáles son las verdaderas palabras de un intercambio”. Sigue sumida en la imposibilidad de saltar, pero sabe que existen las palabras que la levanten sobre su dolor.

Coetzee traza rutas sobre el dolor humano, respetuoso de los relatos olvidados y preocupado de darle voz a quienes han sido callados por la brutalidad humana. En este libro da vida a una mujer dejada de lado en la Sudáfrica rural, en la vida del campo y sumida en una existencia postergada que no la deja tranquila.

Magda, a través del tiempo va encontrando auto-aceptación, su diario fue un orden al vértigo interior que la acechaba, el paso de las páginas fue la pausa que necesitaba para encontrar un piso interior firme. La aceptación de la realidad ayuda a Magda a encontrar el espacio suficiente para poder ser en aquella casa antigua en medio de un desierto, perdiendo el miedo a una existencia que tímidamente sale a su encuentro.

Esa existencia comienza a surgir a pesar de lo difícil que parece la vida de Magda, comienza paulatinamente el acercamiento a la vida, “Lo que considero mi dolor, aunque no es más que soledad, empieza a apartarse de mí. Se me deshielan los huesos de la cara, vuelvo a ablandarme, un blando animal humano, un mamífero”, vuelve a sentir la vida fluyendo en su interior y la sangre que va dando un cobijo interior a ese antiguo espacio frío.

Magda nos muestra que el dolor también es parte de la vida al igual que la alegría, pero debe ser vivenciada en su extensión y profundidad, solo así puede resurgir vida en los momentos difíciles o cuando el piso se transforma en un desierto árido. Nada hace más difícil sentir el dolor que su negación, tal como nos muestra la protagonista, el dolor muchas veces es una pausa necesaria antes de volver a la vida, en sus propias palabras: “Me siento alegre. Así debe ser como hablan los demás, con el corazón en la mano”.

El libro es una invitación a seguir el relato de aquellos que no tienen voz, aquellos que buscan una respuesta en su interior y trazan caminos hacia su existencia. Tal como dice Magda, “El sentimiento de soledad es el ansia de un lugar. Ese lugar es el centro del mundo, el ombligo del universo. Lo que no sea una totalidad no puede satisfacer al hombre”. Una invitación a despojarnos de determinismos y realizarnos en nuestras posibilidades, a tomar la vida en nuestras manos y llevarnos como quien carga a un bebe recién nacido, con el cuidado que merecemos y con la esperanza de que esa fragilidad pronto se convierta en vida.

 

José Martín Maturana

Psicólogo

Postítulo © en Análisis Existencial (ICAE)

josemartinmaturana@gmail.com

 

 


 

 

 

Por Michèle Croquevielle.

Estimadas y estimados
Al pensar en la editorial de este número, pienso en finitud pero también en re-comenzar. Y pienso en mi madre, octogenaria, activa y planteándose nuevos desafíos cada mes, cada año (aprender a tocar piano, retomar el aprendizaje de alemán, un nuevo emprendimiento comercial, tirarse en parapente venciendo su miedo, etc.), pese al peso de sus años que le pesan y la tientan por sucumbir, por “echarse a descansar”.
También recuerdo a otras personas mayores que llegan a mi consulta, ya bajando la cortina: “A mi edad ya no tengo más por hacer”, o “Ya estoy muy vieja/viejo para pensar en hacer algo así”, etc. Se inmovilizaron. Quedaron detenidas ante los desganos que menciona un poema que vi en la web (erróneamente atribuido a Benedetti), titulado No te salves:

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
(…)

Como terapeuta, una pregunta que me gusta mucho hacer, especialmente a las personas de más de 65 años: ¿Cómo vas a vivir, qué te gustaría hacer los próximos 20 años? Muchos se quedan un poco sorprendidos, pues a esa edad ya no se perciben como con derecho o posibilidad de comenzar, aprender, elegir algo nuevo. Sus limitaciones (propias de la edad) se transformaron en lastre. Pero al mismo tiempo, muchas veces, es la primera vez que alguien les plantea la posibilidad de planear cosas nuevas. Más aún, recién dimensionan que en verdad ¡son muchos los años que probablemente aún tenga por delante!

En esta etapa ya no se trata de desarrollar capacidades, configurar una identidad propia, ni una conciencia moral ni autenticidad. Presumiblemente esos desafíos ya fueron consolidados en las etapas anteriores (ver revistas de marzo, junio, septiembre). Y para ser consecuente, si aún hay etapas no resueltas, ¡aún es tiempo, atrévase!
En este último tramo del camino, cuando ya nos comenzamos a preparar para las evaluaciones del camino recorrido (mirada hacia el pasado ya vivido), y como la sociedad nos empuja hacia ello, se nos va desdibujando de nuestro horizonte un concepto fundamentalmente existencial: Trascendencia (pero me refiero a trascender en esta vida, no en otra, si es que la hubiese).
Ser ser-humano, existencialmente hablando, se refiere a la persona en sus relaciones con el mundo, por esa capacidad de encontrarse y ponerse en obra, de realizarse en acciones (“por sus obras lo conoceréis” reza el dicho). Esa apertura para el encuentro, es la que nos alude como indeterminados, como inconclusos, y por lo tanto hace imprescindible al mundo para nuestra realización.
Pero por alguna razón nos vamos marginando del mundo (y nos van marginando de éste, claro está). No voy a hablar aquí sobre lo ya largamente hablado: que la sociedad empuja al adulto mayor fuera del camino, que no les dan trabajo, que nos los consideran aptos, etc, etc. Sí, todo eso es verdad, pero…

¿Qué ha ocurrido con esta mujer, este hombre que en algún tramo “tiró la toalla” de sí mismo? ¿Cuándo dejó de imaginar, pensar, soñar su futuro?
Es cierto que la sociedad hace planteamientos duros respecto a la no eficiencia y “descarte” de las personas cuando ya no les son útiles (especialmente en sociedades individualistas y de mercado libre…el mercado puede ser muy cruel), sin embargo pienso que ésa es solo una de las partes responsables. La otra parte es el propio sujeto que se rindió.

(…)
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

El Análisis Existencial nos interpela a ser responsables con nosotros mismos y con el mundo, y esa responsabilidad consigo mismo, no podemos, no debemos depositarla en otros. Claro, habrán facultades disminuidas, posibilidades reducidas (físicamente, sensorialmente, intelectualmente, quizás), pero eso no debiese ser excusa para no tomarse en sus propias manos, así como se es, en las condiciones que se está, y mirar el horizonte, el contexto en el que se sitúa, abrirse al llamado desde donde se es requerida/o, y continuar dejando el mundo un poco mejor, más enriquecido, por su entrega.

Queridos lectores, mi invitación, es a prepararse a ser adultos mayores (cuando aún no lo son), planificando proyectos (no sólo bienestar económico, como nos intenta convencer la publicidad). De esa parte, claro, debemos ocuparnos, pero no es la única. Tan importante como ésa, es la Trascendencia. Ese para qué seguiremos vivos, ese cómo me veo contribuyendo, desde mi ser/siendo así como soy, así como cada uno se encuentre, llegado el momento de la declinación.
Y si ya estoy en esa etapa, mirarme en mi realidad física, psíquica y devolverle la mano a la existencia: cuando nací, mi vida me fue regalada, ahora soy yo quien me regalo al mundo.

(…)
pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labos
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

Entonces…¿cuáles son tus proyectos para tus próximos 5, 10, 20 años?

A mi madre.

Michèle Croquevielle
michele@icae.cl

Directora
ICAE

Por Daniela Vecchiola.

“Cuando miro atrás pienso en todo lo que he hecho… me parece mentira, he hecho mucho, estoy contento…… ¿cómo qué? Haberme casado, formado una familia, poder educarlos, tener lo necesario para todos….”
“Desde que me casé mi vida cambió… todo empezó a ir bien”
“Una vez pensé que a mi edad no valía la pena tener proyectos…. Me equivoqué, uno siempre tiene que tener planes…. Eso es bueno.. No importa que no se cumplan…. Es bueno tenerlos… hace bien…”
“No, no tengo miedo, creo que un día voy a dormir y no despertar más… morir debe ser como cuando se duerme en las noches..”
“He hecho todo en mi vida, no puedo pedir más, he sido afortunado, siempre he tenido buena salud… en algún momento me tenía que pasar algo…”
“Por qué tener miedo, todos encontramos nuestro lugar en la vida, ¿a caso tu no has encontrado el tuyo?”
“Nosotros somos tu familia de origen, pero tu familia, es tu marido y tus hijas. Tienes que estar con ellos, ellos te necesitan,”

Lo que puedo compartir acerca del Adulto Mayor es la vivencia que tuve con mi padre durante esta etapa de su vida. Ésta fue la experiencia más profunda y cercana que tuve con él y la que me dejó aprendizajes más significativos; incluso puedo decir que con el tiempo estas conversaciones siguen vivas en mí tomando distintos énfasis y significados. Hoy al recordar sus palabras, siento que me vuelve a hablar al oído, me aclara, me contiene, me calma, es como si las volviera a escuchar por primera vez. En esa oportunidad me quiso decir algo que no puede comprender (incluso a veces me enojé), hoy siento que esas palabras eran para mí, sin duda iban dirigidas a mí.

Entre paseos y cafés el tiempo fue pasando y hoy veo que gracias a estas conversaciones y cercanía conocí al hombre (más allá del papá) que tuvo la fortaleza y valentía necesaria para vivir las distintas etapas de su vida, lo que no significó ausencia de dolor, sino la capacidad de aceptar las condiciones que la vida le puso en los distintos momentos, e ir construyendo una vida plena: él tomó la libertad de acción y responsabilidad (con él y los otros) como valores fundamentales de su vida.

Mi papá no fue a la universidad y se preguntaba, cómo habría sido su vida si hubiera tenido la oportunidad de hacerlo…. Tal como le respondí en su oportunidad, hoy lo mantengo…. ¡No fue necesario! La tranquilidad y el amor al momento de hacer el balance de su vida, no fue producto de ir a la Universidad o no, sino de la capacidad de llevar una vida existencial y plena.

Una experiencia significativa, fue ver cómo su Persona tomó mil colores distintos a lo largo de esta etapa y que ésta es efectivamente inacabada, hasta el último día de la vida. Darle el espacio necesario para poder ser, fue esencial y siento que ahí fue donde se abrió un mundo en mí. Entramos poco a poco en un diálogo durante la relación que mantuvimos, donde tanto su Persona como la mía se desplegaron constantemente. Por mi parte comprendí que si quería estar con él, era yo quien tenía que cambiar mi ritmo, desde caminar más lento hasta darle el tiempo que él necesitaba a la conversación. Tuve que dejar a un lado mis aprensiones y prejuicios para nunca dejar de verlo como Persona y eso fue creerle, considerarlo y tomar en serio lo que me decía. Muchas veces comenzaba con una idea vaga que cuando lo ayudaba a desarrollarla y entrábamos en la conversación su sentir aparecía de manera clara y fuerte y yo podía verlo, comprenderlo.

El tiempo. Sin duda, el tiempo tomó para mí un significado distinto del que tenía hasta entonces, comprendí en profundidad que la relación que tendría con él dependería del tiempo que yo estaba dispuesta a dar. Aprendí a darme el tiempo necesario y a acompasar mi paso al suyo y así pudimos encontrarnos en un ritmo que era nuestro, nuestro ritmo. Al inicio me era difícil y algo incómodo por la costumbre de andar con una lista de actividades diarias sin discriminar demasiado, actividades que “tenía” que hacer. Sin saber mucho cómo, sólo dejándome llevar por el querer estar con él, la lista se acortó a lo esencial y llegué a disfrutar cada minuto. Tuve la claridad que teníamos un tiempo finito para conversar unos ricos cafés.

Ver con distancia cómo él fue viviendo este período de su vida y cómo el hecho de acompañarlo también fue interpelándome, me llena de satisfacción y tranquilidad. Él fue capaz de resolver sus desafíos y yo los míos, descubrí que pude acompañarlo, aceptar sus decisiones y soportar con fortaleza distintas situaciones. Hoy recordar lo que fuimos capaces, cada uno en lo suyo, me llena de energía y curiosidad frente a la vida y frente a mi misma…. ¿Cuánto hay en mí que sólo voy a conocer a medida que me deje tocar por la vida?

Aceptar que es legítimo que toda persona decida cómo quiere vivir su vida incluida ésta, la última etapa, ésta que conlleva la finitud del tiempo compartido, no es tarea fácil y también fue un proceso en el que tuve que diferenciar entre lo que yo quería, mis miedos y dolores y dejar ser lo que para él era importante.

Diferenciar cuál era mi tarea y cuál era la de él, fue lento. Acompañarlo era respetar su sentir y voluntad y no tranquilizar mis temores (eso era mí tarea). Muchas veces no fue fácil comprenderlo y me molesté con él, por ejemplo cuando rechazaba que lo pasara a buscar (prefería moverse en taxi, caminar o bus), hasta que entendí que para él conservar la independencia era lo que necesitaba para poder ser, así como otras veces que quiso salir a tomar café, leer el diario y hacer sus caminatas sin compañía. Hoy entiendo que él buscaba cultivar los valores que le habían dado vida a su existencia, que en su caso fue la autonomía, independencia, libertad y responsabilidad, valores que lo movilizaron y que promovió en la familia. Cuidó de su independencia hasta el final y eso fue respetado por toda la familia. Manejó y defendió su espacio de libertad y decisión para vivir estos valores. Sólo el último tiempo se hizo amigo del bastón, cuando vio en él un aliado para mantener su autonomía.

Muchas veces tuve que tener valentía para abrir conversaciones difíciles y dolorosas para mí (sobre sus enfermedades, miedos, muerte, inseguridades, etc.), y con temor a incomodarlo o de ser inoportuna. Sin embargo, tuve la sensación que le hacía bien poder hablar. Nos hizo bien a ambos. Nuevamente requirió de mi parte apertura, aceptación y respeto para recibir sus respuestas y decisiones sobre cómo él quería vivir esta etapa, cómo sobrellevar sus enfermedades, sus limitaciones, así como también qué habilidades desplegar y cuales ya no más.

Cultivar relación y cercanía con mi padre en su etapa de Adulto Mayor fue para mí un desafío que decidí tomar: como he dicho requirió disponer de tiempo para ello…. Requirió comprender que era yo quien tenía que aprender a caminar distinto y disponerme a tomar su ritmo, requirió ser valiente para conversar y aceptar sus decisiones. Requirió dejar a un lado mis aprensiones y prejuicios y sobre todo respetar y legitimar su Persona, su poder ser en libertad.

Caminar lento, hablar pausado, sin apuro. Sentir el sol de la mañana, la brisa del aire, disfrutar el café y a veces compartir el silencio todo ello fue parte de la relación, todo esto fue teniendo para mí un placer delicioso sabiendo que teníamos un tiempo determinado. Doy gracias porque tal como dije, compartir esta etapa, ha sido la experiencia más profunda y significativa que tuve con él y que me permitió conocer lugares inexplorados en mí.

Esta vivencia es lo que hoy me permite recordarlo con alegría y con una profunda paz. Con él descubrí una fortaleza en mí que no conocía, aprendí a apreciar en profundidad el valor del tiempo, aprendí que el amor implica aceptar la libertad de decisión del otro, aún cuando ello nos pueda causar dolor y que ese dolor se transforma en alegría y paz con la distancia.

Daniela Vecchiola
Psicóloga Clínica

Alumna Postítulo en Análisis Existencial – ICAE
danielavecchiola.v@gmail.com

Por: Alfried Längle y Christian Probst. 

En relación a la mortalidad
Una de las tareas más importantes del ser humano es aceptar la muerte. En la ancianidad esta preocupación se ve naturalmente aumentada y los adultos mayores le dedican mucha atención a este tema en particular; ya sea creativamente analizando y examinando las posibilidades de tomar debida cuenta de este hecho en lo que resta de sus vidas, o bien negando la posibilidad de morir, borrándola de su memoria. Saber que el tiempo que resta por vivir está asociado con aquello que se ha perdido de la vida, puede volverse una carga o parecer sin sentido. Esto puede crear el sentimiento que todo es en vano e inútil, que nada merece la pena del esfuerzo porque todo es transitorio y terminará clamado por la muerte.

Cada uno de nosotros podríamos preguntarnos: ¿Cómo viviría si me restaran tres meses de vida, cómo sería para mí? ¿Qué haría aún? 
 Estas preguntas nos permiten comprender el sentido existencial de la edad avanzada. Sin confrontar estos tópicos en uno mismo, es difícil establecer una relación de trabajo imparcial con el adulto mayor. Ser consciente de la condición de finitud significa aceptar y percibir el carácter distintivo del ser humano, cuyo acrecentamiento va dejando su rastro en la ancianidad.

En el trato profesional o privado con adultos mayores, esta realidad no debe ser tomada implícitamente; por el contrario es necesario hablarla explícitamente. Evadir estos asuntos o relegarlos al dominio de los tabúes sólo incrementará el aislamiento interno y se intimidará a los ancianos.

Partida y transitoriedad
La vida no viene simplemente así porque sí al ser humano, a veces viene como una tarea (Frankl 1982,68ff), una tarea en dos formas: para modelar la vida resolviendo problemas y también como un constante dejar cosas atrás y decir adiós. El hombre tiene que decir adiós a un montón de cosas en el curso de su vida, pero nunca tanto como en la edad de adulto mayor: la pérdida de su estado físico y su fuerza, la pérdida de flexibilidad psicológica y mental, la pérdida de su rango profesional y social, medios económicos, amigos y parientes. Un buen ejercicio para percibir exactamente la realidad existencial que se incrementa dramáticamente en esta edad, consiste en que cada uno se pregunte a sí mismo ¿Qué puedo yo dejar atrás sin dejar de ser yo mi mismo? (autos, departamento, profesión, amigos, pareja, salud, conducir, recuerdos, actitudes, relación conmigo mismo).

Vivir con consciencia de la transitoriedad crea un sentimiento de estar preparado para prescindir de lo insignificante y no perder las cosas esenciales de la existencia humana.

Esta actitud abre la visión de los contenidos esenciales de nuestra propia vida que no pueden perderse en la transitoriedad.

El término transitoriedad, en el sentido existencial, se aplica a las oportunidades: ellas se evaporan. Pero las oportunidades que se adquirieron y se vivieron, son incorporadas para siempre como parte integral de nuestra vida. Nada tiene el poder de hacer que las cosas que han sucedido se deshagan . “Haber sido es también una clase del ser, posiblemente la más segura” (Frankl, 1982,47).

Esta mirada que puede percibir no sólo los “campos yermos de la transitoriedad”, sino los “graneros llenos del pasado” (Frankl, 1982,85), es algo que los adultos mayores necesitan que de tanto en tanto se les enseñe y puede salvarlos de caer en la depresión. De esta forma, si estás preparado para involucrarte en la vida, para aceptar la transitoriedad, para decir adiós, entonces serás capaz de crear espacio donde el futuro pueda acaecer y desarrollarse.

Sufriendo el sin sentido de envejecer
La vida se orienta hacia el futuro. Debilidad, fragilidad, aflicción, enfermedad y finalmente las necesidades de los adultos mayores indican que la fuerza de la vida está quebrada. El sentido de la vida aparece como cumplido; lo que resta es aguardar la muerte.

La declinación psicológica es una experiencia de pérdida. Como tal es una carga de la psique. Esto hace que la vida de los ancianos aparezca empobrecida, ardua y sin esperanza de cambio para mejor. Las pérdidas y las desesperanzas hacen que la vida parezca sin objetivos.

En el adulto mayor la sensación de una vida sin objetivos siempre se incrementa aún más si los trabajólicos del pasado se sienten como inservibles, o si él se siente como una carga para los demás. Entonces ¿para qué es buena su vida? ¿Cómo puede estar a gusto si interfiere con la vida de otros, o incluso si es un estorbo?.

Este aspecto de la existencia humana y los problemas inherentes pueden ser fácilmente comprendidos si cada uno de nosotros se hace esta pregunta: ¿Deseo vivir si no tengo nada que hacer? ¿Deseo vivir si necesito cuidados? ¿Hay algo por lo que estoy realmente interesado? ¿Existe algo que yo aprecie tanto que me hace desear seguir viviendo?

El hallazgo de una respuesta personal a esta experiencia límite es, sin duda alguna, uno de los desafíos más grandes de la vida humana. Esta experiencia permite descubrir la más íntima y profunda relación que existe entre el ser humano y su vida. A partir de la creencia de que no se ha dado la vida a sí mismo y que, aunque sea un regalo para el ser humano, ésta sigue sus propias leyes, puede considerarse y sentirse inherentemente buena. Y como tal, intangible y misteriosa. Sin embargo, si su propia vida no fuera tomada en estima, si fuera vista como algo pragmático y funcional, entonces la vida lentamente va perdiendo el último valor correspondiente a la edad del adulto mayor, se vuelve sin sentido y finalmente se torna en una absurda tortura. Pero esta situación extrema puede servir para abrir la mente del sujeto y descubrir una capa más profunda de sí. En la vejez, el ser humano podría descubrir poco a poco que la búsqueda de una actitud personal hacia la vida y el logro de una comprensión global de la vida humana que incluye llegar a un acuerdo con la religión, podría ser el sentido último de la vida.

El aislamiento del anciano
Posiblemente el problema más importante de la ancianidad es el aislamiento de los adultos mayores, quienes habiendo dejado de trabajar, de pronto encuentran que menguan los contactos con el mundo de su ocupación, que la pareja y los amigos mueren, o que de un momento a otro estarán solos y no encontrarán nadie para hablar o incluso ellos mismos ni están interesado en hablar. A veces se sentirá en un solitario confinamiento. Estar forzado al silencio, sin nada que decir, dado que ya nadie le preguntará nada, conduce a una importante disolución de las relaciones en la vida. El adulto mayor se convertirá en una persona abatida, que dará lugar a un tipo de vida vegetativa, a menos que el individuo sea fuerte y para mantener su actividad mental continúe leyendo, viendo arte, escribiendo, volcándose a la religión, etc. La apertura básica es parte de la naturaleza del ser humano, para ser impresionado por el mundo y entrar en intercambio con él, en particular con la gente que lo rodea.

Por lo tanto esta edad impulsa poderosamente al sujeto a realizar una mirada hacia su interior. Esto requiere de una persona que siempre se ha hecho valer por la individualidad de su propio ego. Ninguna persona puede permanentemente obtener la identidad de cualquier otro sin perderse a sí mismo. Es como si la ancianidad demandara dar este paso hacia la madurez de su autonomía. Uno nunca debe perder la oportunidad de preguntarse ¿Cuán bien estoy conmigo mismo? ¿Puedo mantener una buena conversación conmigo mismo?.

La ancianidad es tiempo de madurez, pero también tiempo de encausar los acontecimientos, de balance. La vida muestra su cara inexorable cuando no se ha estado viviendo en áreas esenciales. Es entonces cuando la necesidad de ser uno mismo se transforma en la angustia por la soledad y el abandono.

La experiencia de inseguridad como resultado de una falta de apoyo de los demás, al tiempo que las fuerzas decrecen y el aumento de desamparo, es algo que genera temor. Si una persona está indecisa en su ancianidad, ignorando que la vida llegará alguna vez a su fin, entonces una religiosidad incierta será un factor adicional se agregará en el incremento de su sentimiento de temor e inseguridad.

Si la vida como tal no es considerada como digna de ser vivida, entonces las pérdidas y el aislamiento causarán en su existencia una caída hacia el vacío y la inutilidad. Esta experiencia es acompañada por sentimientos depresivos, a menos que ésta pueda ser encaminada hacia una aflicción activa. La relación con un “tú” comprensivo, un ser que pueda hablar comprensivamente con su interior, puede romper la desesperanza del aislamiento.

La vida no es sin sufrimiento. Demanda desarrollo ante la presencia de problemas. Una de las tareas de la existencia humana es estar en claro con uno mismo y profundizar la relación con uno mismo, crear una autonomía personal mental. La edad adulta exige este logro y pregunta por la referencia final de la existencia humana ante la perspectiva de soledad, desamparo y pérdidas.

(1)Título original: Existential Questions of the Elderly publicado en International Medical Journal, Psychiatry, vol. 7, No 3, p. 193-196, Japan International Cultural Exchange Foundation, September 2000

(2) Para leerlo completo: http://www.icae.cl/wp-content/uploads/2015/07/L%C3%A4ngle-Cuestiones-existenciales-sobre-el-Adulto-Mayor.pdf

Referencias
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