Por Michèle Croquevielle.

La muerte como tema, como evento existencial, me ha rondado desde hace muchos años. Y no sé realmente por qué. Desde mucho antes que mi hija tuviese un accidente gravísimo; desde antes que yo perdiera una guagua (bebé) a los 4 meses de embarazo; desde antes del terremoto del 85; desde antes que…no sé exactamente. Como escribió un periodista, no sé cuándo me “contagié de muerte” (tomar conciencia de la propia finitud). El hecho es que desde hace muchos años, cuando pienso o estoy con mis queridos, siempre imagino que va a ser la última vez que los voy a ver. No en términos de tragedia, sino pensando en qué es lo que no querría dejar de hacer o decir, si ésta fuera la última vez que los veo.

Además de ello, siempre llama mi atención que cuando fallece alguien (de entre 0,1 día de vida y digamos…50 años?), se diga: ¡y era tan joven! ¡cómo fue a morir!, ¡tenía toda la vida por delante!, ¡dejó tantos proyectos!, ¡no pudo vivir su vida!, etc.
¿Qué significa eso? ¿La vida para que sea plena, existencial, cumplida, debe ser vivida en un determinado número de años? ¿quién decide eso? ¿Qué es una vida existencialmente cumplida, realizada?
¿Por qué haber vivido 1 mes, 10 años, 20 años, etc., no es tiempo suficiente para ello?
¿Quién dijo que debo llegar a los 18, a los 40, o ser madre/padre? ¿o desarrollar una profesión? ¿o enamorarme? ¿o viajar?
Mi vida y la de quienes me rodean es un misterio para mí, y finalmente dependerá de mí qué hago con el tiempo de vida que me es dado. Y dependerá de mí también qué hago con el tiempo que me es dado para compartir con los otros.
Hay un autor (Byung-Chul Han) que en el libro El aroma del tiempo (1) ,(1) dice algo al respecto: “Quien no puede morir a su debido tiempo perece a destiempo. La muerte supone que la vida se termina por completo. Es una forma de final. Si la vida carece de toda forma de unidad de sentido, acaba a destiempo.”( p.14)(2)

¿Qué pasaría si todos supiésemos desde el inicio que vamos a morir? ¿Si le sacamos el secreto, el suspenso? ¿Si se nos hablara desde niños que la muerte es nuestra compañera sigilosa, juguetona, que juega a las escondidas con cada uno de nosotros, desde el inicio de esta aventura? En el campo es más familiar, pues la vida y la muerte son experiencias familiares entre quienes han vivido entre animales, plantas, etc., pero cada vez estamos más lejos de ello. El miedo más grande, como dice Längle, “surge al haber desalojado la muerte del estado consciente y no querer convencerse de la mortalidad, postergarla “ hasta que sea el momento”. (p.101)”

Muchos temas/miedos nos ocupan con esto: haber tenido una vida desperdiciada; temor a de qué vamos a morir; si será doloroso; miedo por aquellos de los que debemos despedirnos (hijos, pareja), etc. Y muchas veces nos pasamos la vida embrujando a la muerte, pretendiendo distraerla por medio de artilugios tales como una vida con muchas seguridades, o con muchas actividades con tal de no detenerse a sentir la vida misma.

Vi una película de ciencia ficción (no recuerdo su nombre) en el que el tiempo de vida era la moneda de transacción -los ciudadanos nacían, al igual que en nuestra sociedad, en familias “adineradas” (léase muchos años de vida) o pobres (pocos años). Y todo se transaba en temporalidad (ej: un reloj valía x horas de vida; 1 casa, x años, etc). Pero yo pensaba, ¿qué pasaría si cada uno supiera cuánto tiempo de vida tiene disponible? Si naciésemos con la fecha de muerte tatuada en algún rincón del cuerpo. Ineludible. Intransable. ¿Cómo viviríamos?

El Giro Existencial, al que nos invita Alfried Längle en el Análisis Existencial nos plantea que la muerte al no ser ajena a la vida, al no ser comprendida ni solicitada, sino más bien impuesta, nos confronta con un dar una respuesta.

¿Sería la muerte para mí, una aniquilación? (como lo desarrolla Gabriel en su artículo)
¿Puedo re-incorporar, invitar a la muerte (y a mis muertos) a celebrar la vida, y sus vidas? (en México tienen esa hermosa fiesta como nos la describe Silvia)

No sé si la muerte tiene sentido, pues sólo sé que puedo intentar que mi vida sea fructífera, fértil, creativa y creadora y hallar su sentido en cada pequeña situación, de modo tal que la muerte – que juguetea conmigo por los rincones- me encuentre disponible para sumarme al entramado, a esa red que conforman los que me precedieron.

Michèle Croquevielle
Directora Revista Existencia
ICAE

1 El aroma del tiempo, un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse – Byug-Chul Han, edit Herder
2 Vivir con sentido, aplicación práctica de la Logoterapia – Alfried Längle, edit Lumen