Por Michèle Croquevielle.

Estimadas y estimados
Al pensar en la editorial de este número, pienso en finitud pero también en re-comenzar. Y pienso en mi madre, octogenaria, activa y planteándose nuevos desafíos cada mes, cada año (aprender a tocar piano, retomar el aprendizaje de alemán, un nuevo emprendimiento comercial, tirarse en parapente venciendo su miedo, etc.), pese al peso de sus años que le pesan y la tientan por sucumbir, por “echarse a descansar”.
También recuerdo a otras personas mayores que llegan a mi consulta, ya bajando la cortina: “A mi edad ya no tengo más por hacer”, o “Ya estoy muy vieja/viejo para pensar en hacer algo así”, etc. Se inmovilizaron. Quedaron detenidas ante los desganos que menciona un poema que vi en la web (erróneamente atribuido a Benedetti), titulado No te salves:

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
(…)

Como terapeuta, una pregunta que me gusta mucho hacer, especialmente a las personas de más de 65 años: ¿Cómo vas a vivir, qué te gustaría hacer los próximos 20 años? Muchos se quedan un poco sorprendidos, pues a esa edad ya no se perciben como con derecho o posibilidad de comenzar, aprender, elegir algo nuevo. Sus limitaciones (propias de la edad) se transformaron en lastre. Pero al mismo tiempo, muchas veces, es la primera vez que alguien les plantea la posibilidad de planear cosas nuevas. Más aún, recién dimensionan que en verdad ¡son muchos los años que probablemente aún tenga por delante!

En esta etapa ya no se trata de desarrollar capacidades, configurar una identidad propia, ni una conciencia moral ni autenticidad. Presumiblemente esos desafíos ya fueron consolidados en las etapas anteriores (ver revistas de marzo, junio, septiembre). Y para ser consecuente, si aún hay etapas no resueltas, ¡aún es tiempo, atrévase!
En este último tramo del camino, cuando ya nos comenzamos a preparar para las evaluaciones del camino recorrido (mirada hacia el pasado ya vivido), y como la sociedad nos empuja hacia ello, se nos va desdibujando de nuestro horizonte un concepto fundamentalmente existencial: Trascendencia (pero me refiero a trascender en esta vida, no en otra, si es que la hubiese).
Ser ser-humano, existencialmente hablando, se refiere a la persona en sus relaciones con el mundo, por esa capacidad de encontrarse y ponerse en obra, de realizarse en acciones (“por sus obras lo conoceréis” reza el dicho). Esa apertura para el encuentro, es la que nos alude como indeterminados, como inconclusos, y por lo tanto hace imprescindible al mundo para nuestra realización.
Pero por alguna razón nos vamos marginando del mundo (y nos van marginando de éste, claro está). No voy a hablar aquí sobre lo ya largamente hablado: que la sociedad empuja al adulto mayor fuera del camino, que no les dan trabajo, que nos los consideran aptos, etc, etc. Sí, todo eso es verdad, pero…

¿Qué ha ocurrido con esta mujer, este hombre que en algún tramo “tiró la toalla” de sí mismo? ¿Cuándo dejó de imaginar, pensar, soñar su futuro?
Es cierto que la sociedad hace planteamientos duros respecto a la no eficiencia y “descarte” de las personas cuando ya no les son útiles (especialmente en sociedades individualistas y de mercado libre…el mercado puede ser muy cruel), sin embargo pienso que ésa es solo una de las partes responsables. La otra parte es el propio sujeto que se rindió.

(…)
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

El Análisis Existencial nos interpela a ser responsables con nosotros mismos y con el mundo, y esa responsabilidad consigo mismo, no podemos, no debemos depositarla en otros. Claro, habrán facultades disminuidas, posibilidades reducidas (físicamente, sensorialmente, intelectualmente, quizás), pero eso no debiese ser excusa para no tomarse en sus propias manos, así como se es, en las condiciones que se está, y mirar el horizonte, el contexto en el que se sitúa, abrirse al llamado desde donde se es requerida/o, y continuar dejando el mundo un poco mejor, más enriquecido, por su entrega.

Queridos lectores, mi invitación, es a prepararse a ser adultos mayores (cuando aún no lo son), planificando proyectos (no sólo bienestar económico, como nos intenta convencer la publicidad). De esa parte, claro, debemos ocuparnos, pero no es la única. Tan importante como ésa, es la Trascendencia. Ese para qué seguiremos vivos, ese cómo me veo contribuyendo, desde mi ser/siendo así como soy, así como cada uno se encuentre, llegado el momento de la declinación.
Y si ya estoy en esa etapa, mirarme en mi realidad física, psíquica y devolverle la mano a la existencia: cuando nací, mi vida me fue regalada, ahora soy yo quien me regalo al mundo.

(…)
pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labos
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

Entonces…¿cuáles son tus proyectos para tus próximos 5, 10, 20 años?

A mi madre.

Michèle Croquevielle
michele@icae.cl

Directora
ICAE